El conteo de votos avanzó a toda velocidad y confirmó la victoria del outsider de derecha Abelardo de la Espriella. Según el escrutinio preliminar oficial, se impuso por menos de un punto sobre el oficialista Iván Cepeda y será el próximo presidente de Colombia. El resultado cerró un balotaje de infarto, leído en buena medida como un plebiscito negativo para el presidente saliente, Gustavo Petro, pero también como la radiografía de un país profundamente dividido.
Con un 99,84% de las mesas escrutadas, la tendencia era irreversible a favor de este abogado de 47 años que llega a la presidencia en su primer intento y sin ninguna experiencia política previa, por el momento, con el 49,65% de los votos para su Defensores de la Patria, frente al 48,70% recibido por el candidato del Pacto Histórico y delfín de Petro.
La diferencia mínima, sin embargo, dejaba también otra lectura: lejos de cerrar la grieta que marcó los últimos años, el resultado exponía a un país totalmente partido en dos, en línea con otras elecciones recientes de América Latina, donde los triunfos por márgenes estrechísimos —como ocurrió en Perú— dejaron a los nuevos gobiernos con un mandato frágil y una sociedad atravesada por la desconfianza, el hartazgo y la polarización.
A pocos minutos del final del preconteo, Petro, un protagonista incómodo durante la campaña, intervino vía X y pidió que una serie de mesas fueran “de inmediato impugnadas”. “La votación casi empatada, nadie llega al 50% obliga a esperar los escrutinios”, escribió el mandatario saliente.
Minutos más tarde, con casi el 100% de las mesas informadas, insistió en que todavía “no sé puede proclamar ninguno presidente”, aunque llamó a la “tranquilidad” ciudadana. “Es el escrutinio el que determina quién es el presidente. Obedezco a los jueces”, agregó.
El batacazo de Abelardo
Desconocido para la política en la previa de esta contienda electoral, el presidente electo llegó a la segunda vuelta en el mejor momento de su campaña.
Con los resultados del 31 de mayo, que lo pusieron a la delantera con el 43,74% de los votos y sellaron su pase al balotaje, De la Espriella rompió por primera vez, y definitivamente, el techo del 30% de intención de voto.
A partir de entonces, no dejó de crecer. Tras asegurarse el apoyo de los sectores de la derecha tradicional que no lo habían acompañado en la primera vuelta, haber conseguido la bendición de múltiples grupos religiosos en un país profundamente cristiano y haberse hecho fuerte en la clase media y media baja, De la Espriella consiguió proyectarse más allá de lo necesario para vencer a Cepeda.
Principalmente, el outsider consiguió el apoyo fundamental del Centro Democrático, el partido creado en 2013 por el histórico líder de la derecha colombiana Álvaro Uribe. Apenas conocidos los resultados de la primera contienda, la candidata del uribismo Paloma Valencia reconoció la derrota y se alineó detrás del “Tigre” con un mensaje en conferencia de prensa.
Lo propio hizo el mismo Álvaro Uribe vía X, en un video en el que llamó a votar por el candidato insistiendo en que “Colombia no puede seguir en el camino de convertirse en la sucursal del chavismo”.
Ahora, el desafío para el futuro presidente será, en primer lugar, afianzar su poder en una Colombia profundamente dividida, para así intentar llevar a cabo sus múltiples y ambiciosas promesas de campaña.
Con una clara inspiración en el modelo económico del presidente de la Argentina, Javier Milei, y un gusto por el programa de “mano dura” al estilo del mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, De la Espriella ha prometido un recorte drástico del Estado y anular todos los diálogos de paz iniciados por el gobierno de Petro.
En cuanto a la economía, el próximo presidente ya adelantó que pretende recortar un 40% el gasto público y eliminar unos 700.000 cargos entre funcionarios y contratistas.
En cuanto a la seguridad, busca imitar el controvertido sistema de megacárceles de El Salvador, denunciado por Amnistía Internacional y Human Rights Watch por condiciones inhumanas y violaciones a los derechos humanos.
Antes de llegar a la presidencia, De la Espriella dijo que firmaría 90 decretos en los primeros días de su gobierno para lograr los objetivos de su “Patria Milagro”. Ahora que se sentará en el sillón de la Casa de Nariño, resta por ver cuánto era promesa y cuánto intención.