Estado Unidos, 17 de abril.- El auge del ambientalismo y la afición de algunos expertos por los pronósticos catastrofistas -poco verificables en la práctica pero mediática y financieramente muy redituables para quienes los enuncian- han llevado a la casi totalidad del público al convencimiento de que, más temprano que tarde, el planeta se quedará sin agua potable y los terrícolas guerrearán por el control de las escasas reservas disponibles.

