Margaret Thatcher será eternamente recordada por estas tierras porque además de conducir a Gran Bretaña a una Guerra con Argentina por las Islas Malvinas, tomó la fría decisión de hundir al crucero General Belgrano durante un almuerzo, aún cuando el buque se encontraba fuera de la zona de exclusión que ella misma había impuesto.

Documentos clasificados revelaron que un grupo importante de consejeros de la ex líder conservadora estuvieron en contra de ir a la guerra en 1982, aunque en público siempre mostró un sentido de unidad ante Malvinas.

Otros documentos dejaron en claro que la decisión de atacar el Crucero General Belgrano el 2 de mayo fue tomada por Thatcher y su gabinete, durante un encuentro en Chequers, la casa de campo que tiene el primer ministro del Reino Unido.

Allí se decidió “flexibilizar” la zona de exclusión y realizar lo que para el mundo, salvo para Londres y sus aliados, fue un crimen de guerra.

En el almuerzo que hubo en Chequers el 2 de mayo, donde, Thatcher dio la orden de hundir al Belgrano pese a que estaba fuera de la zona de exclusión.

John Weston, jefe del Departamento de Defensa del Foreign Office de la época, reconoció que “el hundimiento del Belgrano respondió a una decisión de los ministros de flexibilizar las reglas del combate y permitir a nuestros submarinos nucleares atacar los buques de guerra argentinos”. Los documentos dejan en claro que Londres estaba al tanto que el ataque que realizó el submarino nuclear HMS Conqueror y que causó la muerte a 323 soldados argentinos, ocurrió a 30 millas naúticas al sudeste de la zona de no agresión.

El Reino Unido era tan consciente de su acción que el jefe de la delegación británica ante las Naciones Unidas estaba “preocupado” de que pudiera tener “un efecto adverso en el sentimiento” de la organización respecto al papel británico en el conflicto. También hubo cuestionamientos a la decisión de no ayudar en el rescate de sobrevivientes.