Buenos Aires, 23 de abril.- La mayoría de los cuerpos encontrados de los niños fallecidos en el ferry hundido en Corea del Sur muestran que tienen los dedos rotos, lo cual indica que habrían tratado de trepar por todos los medios de la embarcación durante el hundimiento.
Hoy se ha sabido que la fiscalía de Corea del Sur llevó a cabo una redada en la sede de la empresa que operaba el ferry, así como en la residencia de su propietario y en 20 oficinas de sus afiliados y grupos religiosos presuntamente vinculados a su familia.
Por su parte, la Policía surcoreana detuvo al primer oficial del ferry hundido, de 58 años y apellido Sohn, quien trató de suicidarse sin éxito el lunes. Sohn está acusado de desatender su deber cuando el buque se estaba hundiendo, además de violar las leyes relativas a la ayuda y el rescate en el mar.
El suicidio es la primera causa de muerte entre los surcoreanos de entre 15 y 24 años y el promedio apunta a que unas 42 personas se suicidaron cada día en 2010. Por eso, no es de extrañar que la presión a la que se ven sometidos los tripulantes del buque surcoreano les haga pensar en tomar esa vía. Además de Sohn y del capitán del barco, otros seis miembros de la tripulación permanecen detenidos. Uno de esos ellos quiso dejar clara la razón por la que no se lanzaron los botes salvavidas con mayor rapidez a los pasajeros, diciendo que ésta no fue otra que la inclinación del barco, pues impedía a la tripulación llegar a ellos.
“La tarea se vuelve muy difícil para los buceadores que buscan los cadáveres a tientas en el agua fangosa”, declaró un portavoz del servicio de guardacostas. El ferry, de 6.825 toneladas y construido en Japón en 1994, se hundió el pasado miércoles, y la mayoría de sus pasajeros eran surcoreanos, aunque ya se ha confirmado la presencia de tres extranjeros.
Los familiares de los desaparecidos decidieron reunirse hace varios días en el puerto de Jindo, a esperar la llegada de los barcos de rescate.
“Sólo quiero volver a ver a mi hijo. Quiero tenerlo en mis brazos y decirle adiós. No soporto la idea de que esté en ese lugar frío y sombrío”, contaba el padre de uno de los jóvenes desaparecidos.