El informe judicial de 17 páginas conocido recientemente por la causa por la muerte de Isak Andic señala como móviles principales del asesinato el “odio hacia su padre” y la obsesión por el dinero. Tras la crisis empresarial de 2015, la relación entre Jonathan Andic y su padre se deterioró hasta convertirse en detonante de la tragedia.
El odio a su padre Isak Andic
Según la jueza, Jonathan Andic ejercía una “manipulación emocional” sobre Isak con el fin de lograr ventajas económicas. En escritos atribuidos al acusado se observó que llegó a “verbalizar en sus escritos sentir odio, rencor, ideas de muerte”, y que buscaba que la presencia del padre desapareciera tanto “de pensamiento como en vida”.
La obsesión por el dinero
La instrucción recoge además la obsesión por el dinero como impulso clave. Los investigadores sostienen que, cuando Jonathan supo en 2024 que su padre proyectaba modificar el testamento para destinar parte de su fortuna a una fundación, se produjo un cambio en su conducta. “Es en ese momento que se produce un cambio notable”, señala el auto.
El episodio fatal tuvo lugar el 14 de diciembre de 2024 en una salida por el monte de Collbató, en el Baix Llobregat, donde Isak perdió la vida. La magistrada enumera siete indicios que apuntan a una conducta premeditada por parte del hijo, según las pesquisas.
Los papeles de la causa indican que Jonathan llegó a pedir una herencia en vida, una exigencia que el padre habría aceptado para no cortar el vínculo familiar. Esa negociación económica y la consiguiente humillación pública en 2015 son vistas por la investigación como factores que alimentaron el conflicto.
El análisis de los teléfonos y de las conversaciones privadas facilitó pruebas que quebraron la versión inicial de los hechos. Según las fuentes judiciales, el acusado intentó mostrarse conciliador y propuso una charla a solas para recomponer la relación, y fue durante esa salida cuando, según la investigación, se consumó el homicidio.
Jonathan Andic permanece detenido mientras avanza la instrucción. El auto, que vincula el rencor personal y la obsesión por el dinero, marca el rumbo procesal y abre paso a medidas cautelares y peritajes pendientes.