A lo largo de una carretera forestal donde las malas hierbas devoran lentamente el asfalto, una pareja de caballos de crines erizadas y su pequeña cría observan el paso de un vehículo. La escena no transcurre en una reserva biológica tradicional, sino en uno de los puntos más hostiles y enigmáticos del planeta: la zona de exclusión de Chernobyl. Allí, la ausencia humana permitió que el caballo de Przewalski, la última especie verdaderamente salvaje del mundo, se transforme en el gran símbolo de la reconquista natural del área.
Caballos salvajes Przewalski.
De la tragedia nuclear al santuario de biodiversidad
Tras el terrible accidente nuclear ocurrido hace casi 40 años durante la era soviética, más de 2.200 km² en el norte de Ucrania y 2.600 km² en el sur de Bielorrusia fueron evacuados de forma definitiva por ser regiones no aptas para la vida humana. Sin embargo, con las décadas, la vegetación avanzó sobre pueblos y ciudades como Pripiat, donde los árboles crecen dentro de edificios de cemento gris decorados con viejos frescos comunistas.
Víctima de la caza y de la reducción de su territorio, había desaparecido totalmente de su hábitat natural.
Paradójicamente, la radiación residual resultó ser una amenaza mucho menor para la supervivencia animal que la presencia del propio ser humano. En este territorio abandonado comenzaron a proliferar especies raras como linces, alces, pigargos de cola blanca e incluso osos. Sin embargo, ninguna es tan exótica ni representativa como el caballo Przewalski.
Un superviviente fuerte que volvió de la extinción
Descubierto en el desierto mongol de Gobi en 1879 por el explorador ruso Nikolai Przewalski, este equino se distingue por ser más pequeño que los caballos domésticos pero extremadamente fuerte y resistente. Víctima de la caza furtiva y la pérdida de su hábitat natural, a mediados del siglo XX la especie se extinguió por completo en estado salvaje.
Sementales y jumentos se quedaron y se han reproducido.
Gracias al esfuerzo de científicos que trabajaron sobre una docena de ejemplares conservados en zoológicos, la población mundial se recuperó paulatinamente hasta alcanzar unos 2.700 individuos en la actualidad, muchos de ellos reintroducidos en regiones de Mongolia, China y Rusia.
El experimento que superó todas las expectativas
En 1998, los investigadores decidieron liberar una treintena de ejemplares en Chernobyl dentro de un experimento científico para reintroducir un équido similar al autóctono ya extinto. La adaptación fue inmediata: los sementales y yeguas se asentaron y comenzaron a multiplicarse.
En 1998, una treintena de animales fueron liberados en Chernobyl en el marco de un experimento científico.
Hoy se contabilizan unas 200 cabezas en el sector ucraniano y unas 60 en el lado bielorruso, representando cerca del 8% de la población mundial de la especie. Según Serguii Jyla, zoólogo que resalta el rol clave de estos herbívoros en el mantenimiento del ecosistema, el grupo ucraniano podría alcanzar en el futuro entre 300 y 500 animales.
Un "Arca de Noé" para las especies del futuro
Maryna Chkvyria, zoóloga jefe del zoo de Kiev, aclara que debido a cruces previos con caballos domésticos, los ejemplares de Chernobyl no se utilizan para la reproducción oficial de la especie, pero funcionan como una reserva de emergencia en caso de un colapso poblacional global.
Para los científicos, el éxito de este caballo es una fuente de inspiración permanente.
Para Denys Vychnevsky, jefe del departamento científico de la reserva natural creada en la zona hace nueve años, el caso es una fuente de inspiración permanente. Al comprobarse que los animales prosperan sin interferencia humana, el modelo podría replicarse con otras especies en peligro como el visón de Europa, en colaboración con la ONG WWF. La meta es reconstruir el paisaje silvestre de hace 300 años, en una zona donde las autoridades estiman que los seres humanos no podrán vivir con seguridad durante los próximos 24.000 años.