Rosario Central se consagró campeón de la Supercopa Internacional después de vencer 3-1 a Estudiantes de La Plata en Santiago del Estero, en una final que tuvo de todo: un gol antes del minuto, un doblete de Ángel Di María, fuertes reclamos arbitrales y un cierre completamente desbordado.
Después del tercer gol del Canalla, marcado por Julián Fernández en la última jugada, se produjeron corridas, empujones, insultos y golpes entre integrantes de ambos equipos dentro del campo. La tensión no terminó allí: los cruces continuaron posteriormente en la zona de los túneles.
Di María dio vuelta una final que Estudiantes había empezado ganando
El Pincha golpeó prácticamente desde el vestuario. A los 50 segundos, una jugada iniciada por Agustín Tobio Burgos terminó con Alexis Castro marcando el 1-0.
Central reaccionó y encontró el empate gracias a su máxima figura. A los 23 minutos, Di María ejecutó un tiro libre preciso y venció a Fernando Muslera para poner el 1-1.
Antes del descanso llegaría una de las jugadas más discutidas de la tarde. Darío Herrera, luego de revisar una infracción de Leandro González Pírez sobre Enzo Copetti en el VAR, sancionó penal para Central.
Di María volvió a asumir la responsabilidad y convirtió desde los doce pasos para establecer el 2-1.
El arbitraje encendió todavía más la final
La decisión de Herrera generó un fuerte reclamo de Estudiantes. Incluso Juan Sebastián Verón expresó su enojo en las redes sociales durante el partido y cuestionó abiertamente la actuación arbitral.
La tensión continuó en el complemento. Estudiantes reclamó además una posible segunda amarilla para Elías Verón, quien ya estaba amonestado y cometió una infracción sobre Adolfo Gaich. Herrera decidió no expulsarlo y poco después Jorge Almirón optó por reemplazarlo.
El Pincha también sufrió varios contratiempos físicos durante la tarde, con las salidas de Gabriel Neves, Jalil Elías y Guido Carrillo por distintas lesiones.
El 3-1 desató el caos dentro de la cancha
Estudiantes fue en busca del empate sobre el cierre y hasta Muslera abandonó su arco para sumarse al ataque. Central recuperó la pelota y Julián Fernández convirtió el 3-1 definitivo con el arco desprotegido.
Fue inmediatamente después de esa jugada cuando la final explotó.
Jugadores e integrantes de ambos equipos se cruzaron dentro del terreno de juego y se produjeron corridas, empujones, insultos y golpes, mientras otros protagonistas intentaban separar. TN describió el episodio como una pelea generalizada que se desencadenó tras el último gol del encuentro.
Los incidentes siguieron en los túneles
La disputa no quedó limitada al césped del estadio Madre de Ciudades. Una vez que los protagonistas comenzaron a retirarse, los enfrentamientos continuaron en la zona de los túneles, prolongando el clima caliente que había marcado los minutos finales.
El episodio fue el último capítulo de una final que ya llegaba cargada de tensión por los antecedentes recientes entre ambos clubes.
Una rivalidad que venía caliente desde antes
La relación entre Estudiantes y Rosario Central había quedado marcada por lo ocurrido en 2025, cuando el Canalla fue reconocido como campeón por haber terminado primero en la Tabla Anual.
En el siguiente enfrentamiento, los jugadores de Estudiantes realizaron un pasillo de espaldas para recibir al conjunto rosarino, un gesto que generó fuertes repercusiones y quedó instalado en la previa de esta Supercopa.
La tensión volvió a quedar expuesta antes de la final. Ignacio Ovando, jugador de Central, afirmó en conferencia que aquel episodio había sido considerado por el plantel como “una falta de respeto”.
Dentro de la cancha, Rosario Central terminó imponiéndose 3-1, con dos goles de Ángel Di María y el tanto final de Julián Fernández, y se quedó con la Supercopa Internacional.