Santa Fe, 16 de julio.- Dos mil hinchas "celestes" gozaron la clasificación uruguaya en el 61 aniversario del recordado "Maracanazo", que representó su segundo título mundial tras vencer a Brasil 2-1 en Río de Janeiro.
Santa Fe, 16 de julio.- Dos mil hinchas "celestes" gozaron la clasificación uruguaya en el 61 aniversario del recordado "Maracanazo", que representó su segundo título mundial tras vencer a Brasil 2-1 en Río de Janeiro.
Nicolás Burdisso y Gabriel Milito, los centrales argentinos, cometían faltas en campo propio para el regocijo de los cabeceadores uruguayos; mientras Messi, encendido, despertaba una esperanza en cada intervención.
Los errores conceptuales y la pérdida de posesiones en la zona media nivelaron paulatinamente el juego y evidenciaron la dependencia del rosarino para torcer el rumbo del clásico.
Las cesiones de la estrella del Barcelona para Zabaleta, Agüero o Di María se diluían en la zona de definición. Entonces, el público pidió a Javier Pastore y Batista lo mandó a la cancha a los 27 minutos.
El cordobés, ubicado como medio externo por la izquierda, buscó sociedad con Messi, ya situado por el centro, pero sus encuentros no alcanzaban a lastimar.
Higuaín (32m.) tuvo una clara ocasión con un giro en el área que Muslera desvió al córner y Forlán respondió en la jugada siguiente, la primera de Uruguay con pelota en movimiento.
El final del tiempo reglamentario, además de la roja a Mascherano, le dio a cada equipo una chance para subirse a las semifinales pero ninguno la aprovechó.
La tuvo primero Argentina (44m.) con un tiro libre de Tevez, cuyo rebote Muslera le tapó a Higuaín, y Uruguay, en el descuento, con un cabezazo alto de Forlán.
Desarmado tácticamente, sin Gago -pidió el cambio extenuado- y con tres defensores al límite de la expulsión, el equipo argentino perdió el protagonismo en el primer tiempo suplementario, pese a que Higuaín, con un remate al palo derecho, contó con la ocasión de máximo peligro.
Ni Messi (agotado), Higuaín y Pastore, dos veces, pudieron con Muslera en el segundo chico, envuelto en un clima de dramatismo que tuvo su epicentro con la definición por penales.