Ante Nigeria, rol protagónico. Ante Corea, overol y asistente. Ese podría ser el resumen que grafique lo que Lionel Messi mostró ya en 180 minutos de mundial en sus piernas. Sin goles aún, pero con el aplomo de un verdadero veterano para admitir que el equipo está por encima de las individualidades y que el suyo, su primer festejo, sólo es cuestión de tiempo. Y claro, Messi depende de Messi siempre. Contra Nigeria jugó mucho más adelantado mientras que contra Corea sus movimientos fueron más tácticos tratando de llevarse gente en cada retroceso para abrirle camino a los volantes externos. Eso sí, con sus destellos, Lionel encontró cartelera para ser uno de los mejores de Argentina sin haber encandilado. La sociedad con Tévez, primero, va en franco crecimiento. Juegan de memoria por momentos y la polenta de Carlitos para pelear todas parece ser el complemento ideal para un Messi que por momentos parece caminar en el aire. Después, cuando le pusieron al lado el vértigo del Kun Agüero, Messi sintonizó de inmediato. Leyó lo mejor para encontrar la definición del partido contra los coreanos y se vistió de asistente de lujo para generar las jugadas que sentenciaron el marcador. Otra versión y el mismo talento. Otro rol pero el mismo libreto. Messi, cada día más suelto, destacó la producción de su equipo en el triunfo 4-1 sobre Corea del Sur y aseguró que su esperado gol en la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 "ya va a llegar".

