No les importó nada. La quinta etapa de la Vuelta de San Juan tuvo una situación atípica desde lo climático, pero igual eso pareció no importarles a los fanáticos que se hicieron presentes para vivir de cerca la etapa reina. La etapa de ayer es uno de los atractivos principales en cada edición de la Vuelta y por eso el ascenso al Colorado siempre cuenta con los hinchas más fieles del ciclismo. Se trata de aquellos que madrugan, viajan cientos de kilómetros para estar al costado de la ruta para ver el enorme esfuerzo que realizan los ciclistas en la altura, sobre todo en el tramo final. Ayer, aproximadamente 2 mil personas, superando la cifra del año anterior (1.500 espectadores), estuvieron en ese paraje iglesiano desafiando la situación climática.
Por la mañana, cuando la competencia partió desde la Municipalidad de Chimbas, todavía con las calles con algo de agua por la lluvia de la noche, todo hacía pensar que la mañana se presentaría agradable. Aunque pasando el Villicum, el sol se hizo sentir y la humedad fue otro factor desfavorable. Después, ya en la recta final cuando el pelotón se encontraba en pleno ascenso, el cielo se nubló y la lluvia no tardó en aparecer. El aguacero, con granizo incluido, y el aire fresco, hizo descender rápidamente la temperatura y dejó el ambiente por demás agradable para observar la definición.
El punto mayor de convocatoria como ya es costumbre, fue en los últimos mil metros. Allí, prácticamente un cordón humano esperaba para alentar a los hombres que le habían puesto el pecho al clima sobre la bicicleta. Ya sin la lluvia y con el sol nuevamente en lo alto, después de conocer al ganador, no tardaron en aparecer los clásicos asados que sirvieron para coronar de la mejor manera la etapa reina de la Vuelta de los sanjuaninos.

