Guillermo obtuvo con Boca 18 títulos en total, dos como técnico y las otras 16 en su época de pantalones cortos junto a Palermo y Riquelme, entre otros próceres del club.

Cuando el 31 de diciembre expire su contrato actual y se aleje del club, su gestión sumará dos años y nueve meses. ¿Qué se recordará primero? La final que perdió el domingo y, luego, el otro mano a mano ante River en Mendoza, también en este 2018 fatídico para el mundo xeneize.

Pocos se acordarán de los dos títulos en fila a nivel doméstico. Lo que pesará más serán los "mano a mano" perdidos ante el rival más odiado.

Entonces, está claro que Guillermo mantendrá su idolatría, incluso la estatua que tiene en la propia Bombonera, pero como entrenador su gestión no será recordada por mucho tiempo más. Más bien todo lo contrario: muchos querrán dar vuelta la página cuanto antes.

Ese carácter de líder y siempre testarudo que demostró en la cancha jugando, no fue el que le imprimió a sus equipos, casi siempre en las instancias cruciales ausente de su clásica rebeldía. Por algo un día Marcelo Araujo lo apodó "Chapita".