No es nada perder, sino la cara que te queda. No es nada organizar toda una Copa América, sino ver cómo otro país festeja en tu casa, ante tu gente y en tu fiesta. Así tendremos que vivir los argentinos una semana más de Copa América, de nuestra Copa América que tendrá otro dueño, estirando esos 18 años de abstinencia a nivel continental. Pero así es el fútbol y no servirá de nada patalear. Nos tocó perder, sin excusas. Pero es feo, duele, molesta. Ver cómo todo el esfuerzo y la ilusión de una Copa América será premio ajeno. Y para los sanjuaninos mucho más tal vez. Porque el noviciado en este tipo de torneos se pagó caro y se disimularon errores con mucho amor propio y voluntad. Es más, los sanjuaninos se dieron el gusto de mostrarle al mundo un estadio hecho para la Copa, marcando un hito en la historia deportiva de nuestra provincia. Pero claro, todo ese orgullo no servirá de nada. Ver cómo otros disfrutan del momento máximo del triunfo es una condena difícil de asimilar.
