San Juan.- El amor por los colores no siempre se hereda, pero casi. Muchos papás y en menor medida mamás, deciden dejarle a sus hijos la mejor de las herencias: un club al que seguir, alentar, por el que cantar, por el que llorar. Por eso no sorprende la cantidad de niños que todos los fines de semana concurren a las canchas de San Juan.


