Parecía "El Chirola". La calvicie avanzada, el cabello canoso, la barba desaliñada, la baja estatura, el delgado cuerpo, la ropa desgastada y sucia. A pesar del fuerte olor y la impresión, Martín observó una y otra vez el putrefacto cadáver en una camilla de la morgue judicial, y al final, conmovido, pareció convencerse que esos restos eran los de su papá Marcos Reinaldo Ríos (57). Se hizo a la amarga idea porque su padre no aparecía y porque las coincidencias eran demasiadas, a pesar de que hubiera preferido ver (el estado del cadáver lo impidió) si en sus manos tenía esas manchas que le hubieran dado una certeza definitiva. Entonces firmó un acta de reconocimiento y partió a ver a los suyos en su humilde casa de calle Devoto en Villa Krause, Rawson. Fue el sábado pasado. Cuando llegó, hubo desazón, lágrimas y dolor porque a la desgracia se le sumaba otra triste coincidencia: ese día, una de las hermanas de Martín, Noelia, cumplía años. Así, el mismo sábado parecía resuelto el misterioso caso de ese hombre que llevaba más de una semana de fallecido en un baldío de calle Lemos al sur de Doctor Ortega, en Rawson, donde lo hallaron sin la mano y el pie izquierdos y con falta de tejidos en otras extremidades. Al firmar, el propio Martín Ríos daba por cierto que ese muerto era su papá, "El Chirola", un hombre al que no veía desde por lo menos seis meses atrás y del que en cierta forma esperaba un final similar porque sufre problemas de alcoholismo y deambula por las calles sin rumbo fijo.

A partir de ese sábado, los Ríos empezaron a elaborar el duelo y ya se preparaban para la despedida final de los restos, cuando apareció el comentario de que el miércoles de la semana pasada "El Chirola" había sido visto en la cabalgata de Caucete. Y entonces entraron a dudar: si el miércoles lo habían visto y el cadáver hallado el sábado llevaba más de una semana de muerto ¿se trataba en realidad del mismo hombre?.

La incertidumbre empezó a derrumbarse el último lunes cerca del mediodía (el caso trascendió ayer) cuando un camionero amigo le avisó a una tía de los Ríos que creía haber visto a "El Chirola" en el puente de Circunvalación y ruta 20, en Santa Lucía. Con el corazón en la boca, Martín partió a mil en moto y al llegar, bajando el puente, se topó con un hombre sentado a la orilla de la calle. Con alguna dificultad en la respiración encaró un análisis minucioso de la persona que tenía enfrente y lo reconoció enseguida: "¡¿Dónde estuviste?! ya te había dado por muerto", fue lo primero que le dijo a su papá, que ensimismado en su mundo sólo atinó a pedirle cigarrillos sin saber explicar qué había sido de sus últimos días y de su vida, esa que lleva errante y sin destino desde hace 10 años, pero por ahora alejada de la muerte.

Un viaje a la seccional 6ta. donde se investiga el caso, otro a la morgue judicial para que el médico forense se asombrara también con el parecido y el regreso por un día a su casa de calle Devoto, fueron los pasos obligados de "El Chirola" antes de desaparecer por enésima vez.

"La verdad que era para confundirse, ese hombre es muy similar. Por como pasa los días mi papá, que muera es algo que uno espera, pero no así. Para algo así uno nunca está preparado", dijo ayer Martín Ríos.