Félix Cano contó que eran como las seis de la tarde del martes, cuando su hija Laura llegó a la carrera, llorando, a decirle que el corral con sus dos caballos ardía sin control en el fondo de la propiedad. Entonces el hombre corrió a ver qué sucedía y se topó con una escena conmovedora: uno de los caballos se quemaba junto con el guano, los palos y el techo de lona que sus dueños le habían construido para resguardarlos de las lluvias y las altas temperaturas. También presenció el alocado trajín del otro caballo de su hija y su yerno, que luchaba por destrabarse de la soga a la que estaba atado. La primera reacción del hombre -explicó- fue querer salvar a ese animal, pero el intenso calor del fuego y la tarde sanjuanina lo pusieron en el acto a distancia. Entonces con un cartón improvisó un escudo que le permitió llegar hasta el animal para poder ayudarlo. En ese momento se abrió otra pelea, porque la soga que sujetaba al animal se había enredado y tuvo que luchar unos instantes hasta poder liberarlo de las ataduras que tenía en la cabeza, relató ayer.