La desaparición de Alberto Quiroga (34), el fotógrafo de 25 de Mayo del que no se sabe nada desde el último sábado, mantiene en vilo a su entorno y a los investigadores. Mientras avanza la búsqueda, el foco también está puesto en reconstruir cómo fueron sus últimas horas antes de perder todo contacto.
Según relató su pareja, Cecilia Olivera, ese día Quiroga tuvo una jornada laboral intensa, con al menos tres eventos programados en distintos puntos. A primera hora de la tarde estuvo en una actividad municipal (aniversario del Club San Lorenzo en el polideportivo) y luego, alrededor de las 18.30, se trasladó hasta Caucete para cubrir otro evento, en el salón San Isidro, donde permaneció hasta las 21.30.
Entre ambas actividades pasó por su casa, donde estuvo cerca de una hora. Ese momento es clave en la reconstrucción, ya que fue la última vez que su pareja lo vio. “Fue una hora casi lo que estuvo acá en casa. Lo vi normal, hemos estado acostados un rato hasta que se le hizo la hora de que se fuera. Yo lo noté bien, nada extraño. Se despidió normal, como siempre”, contó.
Después de salir de Caucete, se dirigió directamente a La Chimbera, donde había sido contratado para fotografiar el cumpleaños de una mujer de 80 años. Todos esos traslados los realizó en su moto, una 110cc color azul.
Ese fue el último registro certero de su paradero. Tras finalizar ese evento, Quiroga no regresó a su domicilio y desde entonces no volvió a ser visto.
La ausencia comenzó a generar preocupación al día siguiente. “El domingo no llegó y ahí ya me pareció raro. Él era de salir y volver a veces tarde, pero era rara la vez que volviera al otro día. Ahí es donde nos empezamos a preocupar, y ya llegó el lunes y tuvimos que ir a poner la denuncia. Fueron mis suegros a poner la denuncia”, explicó Olivera.
Desde entonces, la incertidumbre crece con el paso de las horas. “Estoy desesperada mal porque no tenemos noticias. Nadie habla, nadie dice nada, no sabemos nada”, expresó la mujer, que además está embarazada y es madre de un bebé de un año y medio.
image
Alberto Quiroga junto a su pareja Cecilia. El fotógrafo sigue desaparecido.
En paralelo, la Policía realizó allanamientos en La Chimbera, en Casuarinas y en otros sectores del departamento. Sin embargo, según la familia, no hay información concreta. “A nosotros no nos dicen nada, lo único que hacen es tratar de tranqulizarnos diciéndonos que está todo en proceso, que se está buscando, se está haciendo todo lo posible para encontrarlo”.
Uno de los puntos que genera más inquietud es la ausencia total de rastros. No hay señales del fotógrafo ni de sus pertenencias, lo que alimenta las sospechas de su entorno. “Alguien le hizo algo. Hay amistades que recién me estoy enterando, no sabía que las tenía. Está dentro de las posibilidades que tengan que ver con esto. Es imposible que no se sepa nada, que no haya un rastro de nada, que ni siquiera aparezcan sus pertenencias. Nada, no hay señales de nada, como que si se lo hubiese tragado la tierra, es algo muy triste para todos nosotros”, manifestó.
En ese sentido, su pareja descarta que se haya ido por decisión propia. “No creo que se haya ido solo, no lo creo capaz, aparte estaba todo bien con su familia, con mi hijo, conmigo su pareja, así que no lo veo así”.
El temor más fuerte apunta a que haya sido víctima de un hecho violento. “Que lo tengan encerrado en algún lado, la verdad no sé qué pensar ya últimamente”, dijo, al referirse a las posibles hipótesis.
Además, confirmó que algunas de las personas con las que habría estado en el evento son desconocidas para ella y podrían estar vinculadas al mundo de la droga, una línea que también analizan los investigadores. “Se dice eso, todos hablan mal de esa gente y él se fue con esos chicos del evento, eso es lo que me parece raro”, explicó.
Mientras tanto, el celular de Quiroga permanece apagado desde el domingo y la causa avanza bajo un fuerte hermetismo. Los investigadores manejan una línea de trabajo, aunque no han brindado detalles.
En medio de la angustia, la familia mantiene la esperanza de encontrarlo con vida. “Es muy desgarrador, es muy difícil para mí. Por favor, pido que se apiaden. Si lo tienen por ahí que lo larguen. El que pueda que colabore con la búsqueda. El que pueda rezar también, para que lo encontremos lo más pronto posible”, pidió Olivera.
Y agregó: “El que sepa algo por favor que se anime a hablar, que no tenga miedo. Alguien debe saber algo, alguien debe haber visto algo, no puede ser que haya desaparecido así”.
Sobre el peor escenario, fue cauta pero firme en su esperanza: “Ojalá que así no sea, yo no pierdo la esperanza y la fe de que esté bien él, con vida”.