1 de agosto de 2026 - 12:37

El caso del depredador serial que raptaba y violaba adolescentes: fue condenado a 30 años de prisión

Sebastián Abel Figueroa (40) fue sentenciado a 30 años de prisión por cuatro ataques cometidos entre 2010 y 2013. Su identificación fue posible gracias a pruebas genéticas, tras haber quedado registrado en el banco de datos por una condena anterior por abuso en 2015.

En 2016, Sebastián Abel Figueroa, marplatense de 40 años y vecino de Ezpeleta Oeste, fue condenado a 3 años de prisión en suspenso por abuso simple en concurso con privación ilegítima de la libertad, tras un hecho ocurrido un año antes. Pasó el tiempo y en noviembre de 2023 fue detenido por otra causa. Una coincidencia en el Banco de Datos Genéticos de la Suprema Corte de Justicia bonaerense reveló que aquel episodio de 2015 no había sido un caso aislado: detrás de su nombre, las autoridades hallaron un patrón de delitos sexuales y robos cometidos durante años en el partido de Quilmes.

Con pruebas irrefutables, ese expediente avanzó y desembocó en una segunda condena: el pasado 7 de julio, el Tribunal en lo Criminal N°1 de Quilmes le impuso 30 años de prisión, en un debate que contó con intervención de la fiscal María de los Ángeles Attarian Mena.

Los jueces Fernando Ernesto Celesia, María Cecilia Maffei y Analía Verónica Reyes consideraron probada una secuencia de cuatro ataques sexuales y robos, perpetrados entre 2010 y 2013, que afectaron a adolescentes y jóvenes adultas. Cada hecho fue reconstruido a partir de los relatos de las víctimas, informes médicos y muestras genéticas.

El primer hecho ocurrió una mañana de julio de 2010, cuando una joven de 18 años se dirigía a su trabajo en Quilmes. Eran cerca de las ocho de un domingo y la adolescente caminaba por la calle cuando advirtió que un hombre la seguía. Al alcanzarla, la sorprendió pidiéndole la mochila. La víctima se la entregó, pero entonces el abusador la abrazó y le colocó un cuchillo en el cuello: “Acá no”. Así la obligó a caminar bajo amenaza durante ocho cuadras hasta una escuela, donde abusó de ella.

El calvario se extendió por más de dos horas. Durante ese tiempo, el agresor la intimidó con el arma y le habló sobre aspectos personales, demostrándole que conocía detalles de su vida. Antes de dejarla ir, la amenazó: “Me dijo que todo había sido mi culpa y que si contaba algo iba a matar a mi hermano”.

La víctima relató luego que, tras ese episodio, atravesó un largo proceso de aislamiento, insomnio y miedo a salir de su casa. “Estuve dos años sin poder salir”, resumió sobre las consecuencias que dejó el ataque.

El segundo caso tuvo lugar la noche del 31 de enero de 2012. La víctima, una adolescente de 15 años con retraso mental moderado, había pasado la tarde en la casa de una amiga. Figueroa, conocido por ser vecino del barrio, pasó por el lugar y la convenció de salir a dar una vuelta en moto. Era una trampa. La llevó hasta un descampado cercano, donde la sometió a una agresión sexual brutal, utilizando además un palo.

La menor regresó a su casa cerca de las dos de la madrugada. Su madre recordó la escena: “Tenía todo el cuerpo golpeado, los brazos, golpeada la cara, las piernas, toda raspada, tenía pasto y tierra. Lloraba mucho”. Desde entonces, la adolescente evitó hablar sobre lo que había pasado, por miedo a represalias.

Figueroa volvió a atacar en la mañana del 23 de abril de 2013, esta vez a una nena de 13 años que iba a la escuela. Se le acercó con la excusa de que lo buscaba la policía por un robo y le pidió ayuda para ubicarse en una parada de colectivo, siempre apuntándola con un arma oxidada. La llevó abrazada, como si la conociera, con la pistola escondida en la campera. “Me crucé con varios compañeros, pero no podía decir nada porque me estaba apuntando”, recordó la nena.

Así la condujo hasta un descampado, levantó un alambrado y allí la obligó a desvestirse. Abusó de ella y le robó el celular. Antes de irse, la amenazó para que no contara lo ocurrido y le dijo que si quería recuperar el teléfono, debía esperarlo en una panadería de la zona.

La adolescente sufrió lesiones físicas y un impacto psicológico que le impidió salir de su casa durante meses y la llevó a perder el año escolar. Con el tiempo, relató: “Yo lo único que puedo decir es que se haga justicia, porque hay muchas víctimas y somos pocas las que nos animamos a denunciar”.

El cuarto hecho sucedió el 29 de diciembre de 2013, pasada la una del mediodía. Una joven de 18 años había salido a comprar a un almacén cuando fue sorprendida por detrás, agarrada de un brazo y amenazada con un cuchillo en la espalda. El agresor le preguntó por una calle y le ordenó que lo acompañara. La llevó hasta un baldío, donde abusó de ella bajo amenazas.

Tras la agresión, la hizo caminar un par de cuadras y le dio una última instrucción: “Me dijo quédate quieta acá, contá hasta diez hasta que yo desaparezca”.

La joven, al igual que las otras víctimas, sufrió pesadillas, dificultades para conciliar el sueño y problemas para relacionarse con los hombres. “Estuve como cuatro o seis meses sin dormir de noche. Ahora a veces me pasa”, relató sobre las secuelas que arrastra desde entonces.

El Banco de Datos Genéticos de la Suprema Corte de Justicia fue clave

El recorrido de la causa judicial finalizó en los primeros días de julio. Durante el debate, Figueroa intentó explicar su conducta con referencias al consumo de drogas desde la adolescencia, pero los informes periciales descartaron cualquier evidencia clínica de intoxicación o abstinencia al momento de los hechos. En sus palabras finales, pidió perdón a las víctimas y sus familias.

Los jueces destacaron la coherencia de los relatos, el impacto duradero en las víctimas y, sobre todo, la coincidencia genética que permitió vincularlo con cada ataque.

Se trata del primer caso en la justicia provincial en el que la individualización y la condena de un abusador serial se sostienen a partir de la comparación de perfiles genéticos almacenados en el Banco de Datos Genéticos de la Suprema Corte bonaerense.

Una persona con gorro, mascarilla y bata azul, guantes negros, opera un equipo de laboratorio con una pantalla que muestra una cuadrícula de círculos

Se trata de la primera vez que en la justicia provincial llega a juicio y se dicta sentencia en un caso en el que se individualizó al acusado a partir del entrecruzamiento de las muestras tomadas a las víctimas con las obrantes en el banco

La muestra de Figueroa, tomada en 2019, estableció el vínculo con las evidencias recolectadas en los casos mencionados. Fue la clave para ponerle nombre y apellido al autor de los hechos.

Pero eso no es todo, ya que el historial criminal del detenido puede ser todavía mayor: “Del mismo modo también se pudo establecer que hay otras causas en trámite por abuso de esta misma persona”, revelaron fuentes judiciales a Infobae.

Actualmente, Figueroa permanece alojado en la Unidad Penal N°28 de Magdalena.

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