Hayan salido de casa o no, el fin de las vacaciones de verano y el inicio de clases y de trabajo para algunos, suelen venir de la mano con algunas situaciones complejas en el seno familiar. La tiranía del despertador, los horarios cronometrados para las comidas, la logística de las mochilas y el frenético ir y venir significa para muchos no solo un cambio de calendario, sino una transición emocional. El estrés aparejado puede poner a prueba la paciencia de grandes y pequeños a quienes les cuesta despedirse del relax que habilita este tiempo, que ya llega a su fin. “Síndrome pos vacacional”, lo llaman algunos, y es más común de lo que se cree.
“Durante las vacaciones se suelen bajar las exigencias, hay más tiempo compartido, menos horarios estrictos y mayor ‘sensación de libertad’. Al volver a las obligaciones (escuela, trabajo, actividades), aparecen las responsabilidades. Esto puede producir malestar o cansancio en adultos y niños, dificultades para dormir o levantarse temprano los primeros días e incluso nostalgia por el tiempo libre y compartido”, ratificó la Lic. Gema Galván, responsable de medios del Colegio de Psicólogos de San Juan, quien, convocada por DIARIO DE CUYO, abordó este tema que ya se palpita puertas adentro de los hogares sanjuaninos.
“Eso es parte del proceso de adaptación y puede generar tensiones, discusiones menores”, acotó la profesional, para quien “el regreso a la rutina puede aumentar la sensibilidad, y esto predispone a discusiones por horarios, tareas o responsabilidades. También suele haber menor paciencia y en algunos casos las personas manifiestan tener una sensación de ‘volver a correr todo el tiempo’. No significa que los vínculos estén mal, sino que el sistema familiar está reorganizándose”, agregó.
“Es un tiempo de generar acuerdos, conservar los que ya se tenían del año pasado o acordar nuevos. Por ejemplo: quién lleva a los chicos a la escuela, quién los busca, etc.”, sumó Galván, quien dio algunas sugerencias para volver a la rutina de la mejor manera… ¡y no morir en el intento!
Claves para gestionar la transición
1- Hacer una adaptación progresiva
No cambiar todo de golpe. Empezar a ordenar horarios de sueño y comidas unos días antes ayuda a que el regreso sea menos brusco, especialmente en niños y adolescentes.
Aquí es importante no alterar tanto el ritmo del sueño sobre todo tanto para dormir como para levantarse. En los niños es importante comenzar a trabajar la exposición a las pantallas hasta altas horas unos días antes de comenzar con el ritmo habitual.
2- Bajar las expectativas los primeros días
Es normal que haya desorden, cansancio o mal humor. Darse permiso para que la vuelta sea imperfecta reduce el estrés y la frustración.
3-Sostener pequeños rituales familiares
Un momento de charla en la cena, ver algo juntos o compartir un mate, ayuda a mantener la conexión emocional, incluso cuando vuelve el ritmo acelerado.
Aquí apelamos a la calidad de los espacios no la cantidad de tiempo. Ejemplo: mientras almorzamos o merendamos, que no haya pantallas, así nos escuchamos o simplemente compartimos tranquilos el momento de comida.
4- Organizar, pero sin sobrecargar
Planificar horarios y tareas da seguridad y orden mental, pero llenar la agenda desde el primer día puede generar más tensión que bienestar.
5- Poner en palabras lo que pasa
Hablar en familia sobre lo que cuesta volver, lo que se extraña de las vacaciones y lo que entusiasma de la rutina ayuda a procesar el cambio y fortalece los vínculos.
Aquí es fundamental no presionar al otro. Es común ver y escuchar a las mamás, apenas salen los chicos de la escuela, preguntar “¿Cómo te fue?” “¿Te dieron muchos deberes?”. Es fundamental permitir el momento de desconexión del niño con la escuela, ir comentando por el camino la comida que lo espera en la casa y al llegar al hogar abrir el espacio, ponerse a disposición para que pueda comentar cuando el niño o la niña lo considere, o simplemente esperar al momento de hacer los deberes para hablar de la escuela. Esto en el caso de los niños a los que les cuesta comentar.
Existen otras situaciones donde los niños tienen la necesidad de contar todo lo que hicieron y eso a veces abruma a los adultos. También es importante ahí poner límites y ordenar, para que la descarga (el relato) sea tranquilo y ordenado, sobre todo si hay más hermanos, para que no sientan que son dejados de lado y que uno solo capta toda la atención del adulto. Generar espacios de escucha ordena, limita y da prioridad a cada miembro.