Revisar el celular, exigir contraseñas, controlar la ropa, limitar las salidas o alejar a una persona de sus amistades no son demostraciones de amor. Son algunas de las primeras señales de violencia psicológica que comienzan a detectarse con mayor frecuencia en los noviazgos jóvenes de San Juan.
La advertencia fue realizada por Valeria Díaz, directora de Género del Ministerio de Familia y Desarrollo Humano, quien señaló en una entrevista en Radio Sarmiento, que las estadísticas oficiales no muestran un aumento interanual de las denuncias entre adolescentes. Sin embargo, los equipos territoriales observan una mayor presencia y naturalización de conductas de control, manipulación y aislamiento que nunca llegan a incorporarse a los registros formales.
La diferencia aparece durante los talleres, las visitas a escuelas y las intervenciones realizadas en comunidades, uniones vecinales y distintos departamentos. En esos espacios, los profesionales detectan situaciones que las propias personas involucradas no siempre reconocen como violentas o consideran suficientemente graves para solicitar ayuda.
Las señales que no deben confundirse con amor
La violencia psicológica suele aparecer de manera progresiva y puede quedar disimulada detrás de expresiones como “te cela porque te quiere” o “te controla porque se preocupa”. Desde la Dirección de Género identificaron como principales “banderas rojas” los celos extremos, la vigilancia del teléfono y el intento de decidir con quién puede relacionarse la otra persona.
También deben generar atención estas conductas:
- Exigir las contraseñas del celular o las redes sociales.
- Revisar mensajes y controlar permanentemente la ubicación.
- Cuestionar la forma de vestir o impedir determinadas salidas.
- Alejar a la pareja de familiares y amistades.
- Utilizar amenazas, culpa o manipulación emocional para imponer decisiones.
El aislamiento es una de las primeras formas mediante las cuales puede consolidarse una relación violenta: la víctima pierde progresivamente sus redes de confianza y queda con menos herramientas para contar lo que sucede o pedir acompañamiento.
El dato sobre las denuncias también genera preocupación. Aunque el mayor número de casos corresponde a mujeres de entre 32 y 38 años, la franja de 18 a 24 años ocupa el segundo lugar y concentra cerca del 22% de las presentaciones recibidas por el organismo provincial.
Para las autoridades, ese porcentaje refuerza la necesidad de trabajar desde edades tempranas, antes de que las situaciones se agraven. La prevención no consiste solamente en intervenir cuando ya existe una agresión física, sino en enseñar a reconocer los primeros mecanismos de control y cortar su normalización.
El entorno también cumple un papel fundamental. Cuando una persona cuenta que atraviesa una relación conflictiva, la recomendación es escucharla, creer en su relato y evitar reproches como “¿por qué no te fuiste antes?” o “¿cómo permitiste que ocurriera?”. Juzgar puede aumentar el aislamiento; acompañar y facilitar el acceso a profesionales puede ayudarla a salir de la situación.
Quienes necesiten orientación pueden comunicarse gratuitamente con la Línea 144, que ofrece atención, contención y asesoramiento durante las 24 horas, todos los días del año. No es una línea de emergencias: ante una situación de riesgo inmediato debe llamarse al 911.
Según el último listado oficial disponible de la Provincia, la Dirección de Género también recibe consultas al 4222713 y mediante WhatsApp al 264-486-5622.