María Florencia Bustos Alba, de 35 años y residente de Santa Lucía, es una chef que descubrió en la creatividad y el trabajo artesanal la manera de combinar su pasión por la gastronomía con su compromiso ambiental. Hoy, es una emprendedora que con sus alfajores artesanales de sabores exóticos que incluyen ingredientes típicos de San Juan, revoluciona los paladares.
Florencia recuerda sus primeros pasos: “Hice la carrera de chef hace tiempo, cuando salí del secundario. Trabajé en una casa de pastas y después empecé a estudiar medio ambiente; me quedan tres materias para recibirme. No conseguía trabajo y escuché que había una feria. Entonces decidí anotarme para hacer y vender alfajores y nueces confitadas”.
Fue así como nació su idea de preparar alfajores artesanales con ingredientes propios de San Juan, tales como tomate, aceite de oliva, uva moscatel y vino malbec. “Busqué cosas características de mi tierra y quise además usar envoltorios biodegradables, hechos con fibra vegetal, para cuidar el medio ambiente. De esta manera uní mi profesión de chef con lo que estudio”, explica.
Su primera aparición pública con los alfajores de sabores originales fue en noviembre de 2025, en una feria local. La aceptación fue inmediata y el emprendimiento comenzó a crecer: “Me está yendo muy bien porque a partir de ahí recibí invitaciones a distintos eventos relacionados con el vino y también me convocaron para participar en la Expo Minera de este año”.
El secreto de los sabores únicos de la emprendedora
Cada alfajor tiene una historia en su receta y un sabor que invita a descubrir San Juan en cada mordisco:
Alfajor de tomate: con masa al estilo cordobés, lleva relleno de tomate y cobertura de tomate seco molido.
Alfajor de malbec y pasas: relleno de pasas maceradas en vino malbec y cobertura con una reducción de malbec que le da un color morado intenso.
Alfajor de membrillo, aceite de oliva y nuez: relleno de mermelada de membrillo con toque de aceite de oliva, masa con aceite de oliva y cobertura con nuez picada.
Alfajor de moscatel y lavanda: relleno con uva moscatel, vino blanco y lavanda; con una infusión y flores de lavanda en la cobertura.
“Probé varias combinaciones, se me ocurrían y las iba testeando. En dos semanas logré todo. La necesidad me despertó la creatividad”, cuenta Florencia, quien además continúa haciendo alfajores tradicionales de dulce de leche, alcayota y pistacho, complementando su oferta con sus creaciones innovadoras.
El alfajor favorito del público es el de moscatel y lavanda, seguido por el de malbec y pasas.
Producción, pedidos y futuro
La producción es bajo pedido, generalmente de un día para otro. Florencia ofrece envíos a domicilio y participa regularmente en ferias, donde la demanda crece. “Gracias a Dios, tengo pedidos todas las semanas, sobre todo para eventos y ferias. El precio es de 3.000 pesos por unidad, hay una promoción de 3 por 8.000 y la caja de 6 a 15.000, con variedades a elección”.
El próximo evento será el 14 de junio en el Chalet Cantoni, una feria que Florencia espera con entusiasmo.
Este emprendimiento fue desarrollado a pulmón, sin grandes apoyos. Sin embargo, está registrada para obtener subsidios para emprendedores e incluso sueña con ampliar la producción: “Si consigo un préstamo o subsidio, la idea es comprar un horno más grande para agilizar el trabajo”.
Un detalle entrañable es que su hijo de 10 años actúa como inspector de calidad, asegurándose de que cada alfajor sea perfecto.
Floresencia admite, con sinceridad, que jamás imaginó poder iniciar este camino y lograr que tanta gente disfrute sus productos. “Este es el trabajo con el que subsisto, y es una gran felicidad sentir que lo que hago tiene valor y placer para otros”.
La historia de Florencia es un claro ejemplo de cómo la pasión, la creatividad y el amor por el entorno pueden transformar una necesidad en un sueño delicioso y sostenible. Las manos detrás de estos alfajores no sólo hornean dulces, sino también futuro para San Juan.