Este año, la procesión en honor a San Cayetano tuvo un clima y hasta una decoración diferente. El fundamento: la visita del Papa León XIV a la Argentina que motivó a la comunidad a vestir el templo y hasta las casas de color blanco y amarillo, colores que simbolizan la gracia de Cristo y la suprema autoridad de San Pedro.
El color amarillo, que simboliza al Papa, invadió la procesión de San Cayetano.
(Daniel Arias)
Chimbas fue nuevamente escenario de una nueva multitudinaria de fe con las Fiestas Patronales del patrono del pan y del trabajo. Unos 600 fieles participaron de la procesión que se tiñó de nuevos colores. El ingreso al santuario fue el más llamativo. La comunidad religiosa adornó todo el marco de la entrada con globos blancos y amarillos, anunciando la visita papal.
Y esos colores se replicaron hasta en los fieles que participaron de la procesión. Esta vez, a los pañuelos celestes se sumaron los amarillos para saludar al Santo cuando salió del templo para encabezar la peregrinación por las calles del Barrio Parque Industrial. Pero, no fue el único lugar donde se replicaron los colores papales.
Algunos vecinos que viven a lo largo del recorrido que hizo la procesión también decoraron el frente de sus casas con estos colores. Incluso hubo niños que adornaron sus bicicletas con banderas blancas y amarillas para estar a tono con las expectativas que generó la confirmación de la visita del Papa a la Argentina el 8 de noviembre.
Gran participación y devoción por San Cayetano
A las 16 estaba todo listo para dar inicio a la procesión, pero hubo que retrasarla unos minutos. Es que primero tuvieron que tomar ubicación las imágenes religiosas que otras comunidades religiosas llevaron para participar de las Patronales. Fueron 15 en total, más que en otras ediciones.
Tras entonar el Himno Nacional con el acompañamiento de la Banda de Música de la Policía, comenzó la procesión que se hizo a paso lento debido a la cantidad de gente y a que la mayoría eran personas mayores, pero con la misma fe y devoción que todos los caminantes.
La procesión duró una hora y, pese al esfuerzo de la caminata, nadie se retiró tras el término de la misma. Todos se quedaron para participar de la celebración de la misa que contó con la presencia de monseñor Gustavo Larrazábal y en la que se renovó la expectativa de toda la comunidad por la visita del Papa, con la esperanza de que ‘bendiga a todos los argentinos’.