7 de septiembre de 2026 - 06:46

Por El Niño, la primavera sanjuanina será más lluviosa, con mayor nubosidad y temperaturas máximas más bajas

El climatólogo Germán Poblete dijo que la primavera sanjuanina será típicamente inestable, pero con características particulares por la influencia de El Niño.

La primavera sanjuanina 2026 estará marcada por anomalías climáticas que alterarán los parámetros habituales en la región cuyana. El especialista en climatología Germán Poblete advirtió que la nueva estación se ha adelantado y que en líneas generales será más lluviosa, con mayor nubosidad y temperaturas máximas más bajas como consecuencia de El Niño.

Poblete dijo que de acuerdo con los modelos analizados para el trimestre comprendido entre septiembre y noviembre, las precipitaciones se concentrarán fundamentalmente en el Noreste Argentino y el sur de Brasil. La presencia de una masa de aire tropical muy fuerte instalada en Misiones, que se extiende hacia Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, La Pampa y la zona más llana de Cuyo, propiciará lluvias por encima de lo normal en estas regiones. ‘Por estas condiciones, la primavera en San Juan será más lluviosa de lo habitual y con mayor nubosidad’, sostuvo Poblete.

Temperaturas máximas más bajas en primavera

Esta dinámica de más lluvias y nubosidad repercutirá de manera directa en las temperaturas máximas esperadas durante la primavera en territorio sanjuanino. ‘Debido a la mayor cobertura nubosa y a las precipitaciones previstas, con incidencia principal en los departamentos del este y sur provincia, las temperaturas máximas se ubicarán unos 2 grados por debajo de lo habitual en términos medios. En contraparte, las mínimas registrarán un incremento de 1 grado respecto a los valores normales, achicando notablemente la amplitud térmica diaria’, explicó el especialista.

Por tratarse de una etapa de transición entre el invierno y el verano, la inestabilidad climática típica de la primavera se potenciará este año mediante la alternancia de vientos Zonda y Sur, impulsados por el choque de masas de aire subpolar y subtropical. Poblete remarcó que, ante este cuadro de inestabilidad, no es prudente dar por finalizado el periodo de frío. Mientras que la primavera astronómica se formalizará el 23 de septiembre con el posicionamiento del Sol en Libra, la naturaleza ya anticipó la estación climática: los árboles se encuentran brotados a pesar de que faltan varios días para que finalice el otoño y arranque la primavera.

El Niño y la incógnita del derrame de agua

Germán Poblete también abordó el tema del futuro hídrico en la provincia a partir de la influencia del fenómeno El Niño, teniendo en cuenta que en primavera aumentan las temperaturas y se inicia el proceso de deshielo.

Dijo que el volumen excepcional de nieve acumulada en la cordillera, que se extiende hasta el sector del pedemonte con una cobertura sin antecedentes recientes visibles, abre un interrogante central sobre el comportamiento hídrico futuro en San Juan. Sostuvo que el primer dilema radica en la imposibilidad de precisar con exactitud cúantos hectómetros cúbicos arrojará el Río San Juan cuando se produzca el derretimiento total por el aumento de temperaturas, un proceso condicionado además por el balance entre evaporación y filtración al suelo. ‘La culminación de la temporada invernal a fines de septiembre y la necesidad de contar con los resultados de dicho balance postergan cualquier cálculo definitivo’, dijo Poblete.

Al repasar antecedentes históricos, las cifras de eventos de El Niño previos muestran gran disparidad: el caudal derramado alcanzó 5.150 hectómetros cúbicos en 1941; 3.868 en 1953; 4.700 en el recordado fenómeno de 1987; y 3.920 en 1997, mientras que el ciclo registrado entre 2015 y 2016 no logró cubrir los 2.300. Si bien se aguarda un derrame hídrico elevado, la magnitud exacta sigue bajo análisis. El factor determinante radica en que la anomalía térmica en el Océano Pacífico Ecuatorial ubica la temperatura de sus aguas 3,5 grados por encima de lo normal este año, superando ampliamente los 1,5 grados registrados en 1987, configurando un fenómeno excepcional rodeado por un océano inusualmente cálido.

La memoria de la severa crisis hídrica de 1966, cuando el deshielo aportó magros 627 hectómetros cúbicos, motivó en su momento la construcción de infraestructura estratégica como el Dique de Ullum. El sistema actual de embalses representa la principal garantía de contención para almacenar gran parte de este volumen, aunque resta evaluar la futura administración de los excedentes a través de los aliviaderos una vez definidos los balances definitivos de agua.

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