La venta de carne de burro en una carnicería de Chubut, encendió una polémica. El producto, que se ofrecía a $7.500 el kilo, se agotó en apenas tres días y abrió un debate que combina curiosidad, rechazo y dudas sobre su legalidad y consumo. El tema no tardó en llegar a San Juan, donde la discusión se trasladó a la opinión pública.
A través de un sondeo realizada por Diario de Cuyo, en la que participaron 9.555 personas, quedó en evidencia que la carne de burro todavía genera resistencia: el 48,7% aseguró que no la probaría “de ninguna manera”. El rechazo de 4.651 votantes quedó a la vista. En contrapartida, un 28,7% (2.746) se mostró dispuesto a degustarla por curiosidad, mientras que un 22,6% (2.658 votos) afirmó que lo haría únicamente por una cuestión económica, en caso de ser más barata que otras carnes.
La controversia tuvo su punto de partida en la ciudad de Trelew, donde un productor impulsó la comercialización del producto e incluso propuso una degustación abierta al público para medir la reacción. La experiencia dejó una primera conclusión: existe interés, pero todavía está lejos de convertirse en un consumo habitual dentro del país.
Desde el punto de vista sanitario y legal, la discusión no es nueva. El Código Alimentario Argentino contempla a los equinos entre los animales aptos para consumo humano, siempre bajo estrictas condiciones. A su vez, el SENASA exige identificación individual para cada animal destinado a faena. Sin embargo, una resolución oficial de 2025 definió a la Argentina como productora de carne equina con destino exclusivo a exportación, lo que suma un matiz más al debate.
A nivel global, el consumo de carne de burro no resulta extraño en países como China, Italia o en distintas regiones de África, donde forma parte de tradiciones gastronómicas. Pero en Argentina, y especialmente en San Juan, el factor cultural pesa: el burro sigue siendo visto como un animal de trabajo, cercano a la vida cotidiana, lo que dificulta su aceptación como alimento.
Por ahora, el rechazo parece imponerse en la provincia, aunque el debate ya está instalado. Entre la curiosidad y el prejuicio, la pregunta sigue abierta: ¿podría algún día la carne de burro ganarse un lugar en la mesa argentina?