Tanzania. El padre Emanuel, tras unos bautismos que hizo en una aldea tanzana. Allí tienen una parroquia y 54 capillas en medio de la nada.
Irak. Detrás del sacerdote sanjuanino, el campo de refugiados de Erbil, conformado por miles de personas que debieron huir sólo por ser cristianos.

 

Estaba estudiando en Roma cuando se enteró que terroristas islámicos entraron a una parroquia en Irak, con granadas y ametralladoras. Fue una masacre, durante la misa. Ese mismo día se ofreció para reemplazar a alguno de los dos sacerdotes que acribillaron. Pero a Emanuel Martelli finalmente no lo enviaron a Bagdad, sino a Egipto.

Ese país, detrás de las Pirámides y la Esfinge, esconde una terrible persecución a cristianos, los decapita, les arrebata sus propiedades o rapta niñas de 12 años para casarlas con musulmanes. Allí vive hoy el sacerdote sanjuanino, codeándose con la muerte en las calles sólo por usar la sotana. Pero además, Martelli también evangeliza en Irak, que tiene campamentos de refugiados cristianos. O en Tanzania, dando misas en capillas de barro y paja en aldeas perdidas en medio de la sabana, donde no hay terrorismo pero sí paganismo.


“Los cristianos en Egipto se tatúan la cruz en las muñecas de sus brazos para dar cuenta que no tienen miedo. Es una muestra de valentía que nunca dejo de admirar y ante la cual jamás llegué a pensar en sacarme la sotana por temor a andar por la calle. Hace un tiempo me salvé por sólo 150 metros de la muerte. Hubo unas patotas fundamentalistas que en un día atacaron 54 iglesias cristianas, asesinando a quienes estuvieran allí. Estaba por llegar a mi parroquia cuando me avisaron de que estaban en la zona. Pude desviarme por pocos metros, pero no se salvaron ni los taxistas que llevaban colgados los rosarios en los espejos retrovisores, a uno incluso lo decapitaron”, relató Martelli.


Emanuel tiene 33 años y nació en San Martín, pero luego vivió en Rawson. Estudió en la Escuela Industrial y en 2001 ingresó al Instituto del Verbo Encarnado (IVE), para convertirse en sacerdote. Para perfeccionar sus estudios lo enviaron a Estados Unidos y luego a Roma, al Seminario San Vitaliano Papa. Estaba allí cuando se ofreció a ir a Bagdad, pero en cambio lo mandaron a Alejandría para estudiar árabe y poco tiempo después lo nombraron Superior Provincial: tiene a cargo las misiones del IVE en Irak, Egipto, Túnez y Tanzania.


“Egipto es un país hacia el Norte, muy turístico, y otro al Sur, donde se cometen muchas atrocidades con los cristianos. Nosotros tenemos centros en los que cuidamos a niños de la calle y a nenas de 12 años en riesgo de ser robadas; después que las que raptan sus familias no las vuelven a encontrar nunca más. También tenemos a discapacitados porque para los egipcios, tener un discapacitado en sus familias es un deshonor, así que los abandonan”, relató. “En Egipto, como en otros países musulmanes, existe pena de muerte por convertirse al cristianismo. De ahí que los cristianos que se mantienen fieles a Cristo pese a todo aún me suelen dejar sin palabras”, apuntó.

 

EN IRAK


Si bien el sacerdote sanjuanino vive en Alejandría, pivotea por todas las misiones a su cargo. En Irak tienen dos, en Bagdad y en Erbil. “En las dos ciudades tenemos campamentos de refugiados cristianos. El de Erbil es muy grande, allí hay miles de familias que por la persecución del Estado Islámico de un día para el otro debieron escapar a través del desierto. Hubo redadas terribles y era simple: o dejaban de ser cristianos o debían huir. Y perdieron todo, sus casas, sus bienes, su vida con tal de no convertirse al Islam. Prefirieron eso a no renegar de Cristo”, dijo Martelli. El campo de refugiados es prácticamente una ciudad conformada por casas del tipo módulo. Allí, la Iglesia montó escuelas y centros de salud, pero las condiciones no son del todo favorables.


“Bagdad es mucho más caótico aún. Allí hay un promedio de 25 atentados por semana. A los cristianos o a nuestras misiones les ponen las cosas difíciles. No tienen agua ni luz y ellos como los curitas de nuestras parroquias sufren mucho. Por ejemplo, los veranos son terribles y suelen hacer 50ºC, pero hay registros de 62ºC. Imagínense sin agua ni luz”, relató el sanjuanino.

 

EN TANZANIA


Ser cristiano entre las sabanas de Tanzania no es tan peligroso como en Egipto o Irak, pero tiene sus sacrificios. Allí tienen una misión en Ushetu, un pueblito perdido en el mapa del áfrica subsahariana. Desde allí, los misioneros recorren los caminos de ese país yendo a capillitas de aldeas en las que, como graficó Martelli, a veces no llega ni la Cruz Roja. Para dar misas y bautismos, el cura sanjuanino debió aprender swahili. “Tiene raíces del árabe, así que no me fue tan complejo”, acotó.


Llegar a las aldeas siempre es una travesía y luego, una aventura. “En esos lugares no hay luz ni agua potable. Y el agua que hay, para los occidentales es imposible de tomar. Los habitantes están acostumbrados, pero lamentablemente para el resto tomarla es riesgo de muerte”, dijo. Y agregó: “Además, uno puede hacer un tratamiento preventivo por la malaria, pero dura un mes. Los sacerdotes y las religiosas que viven allí supieron desde el principio que se iban a enfermar, pero igual fueron con tal de evangelizar”, contó. 


Ni hablar del peligro de los alacranes, serpientes y arañas gigantes que pueden meterse en los zapatos. O de las hienas que devoran las gallinas y cabras de los aldeanos.


“Todas esas cosas y los riesgos nos dicen que estamos en África y no por turismo. Llevamos la verdadera vida a un pueblo que en gran escala sigue adorando ídolos inertes que no pueden salvar, pero que providencialmente está dispuesto a recibir la predicación del evangelio a condición de que alguien se lo predique”, cerró.
 

“Es una gracia poder servir en Egipto o Irak. Allí, sus pueblos cristianos son mártires”.
EMANUEL MARTELLI - Sacerdote

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