4 de abril de 2015 - 00:00

Promesantes de la noche, entre la fe y la distensión

La madrugada de Vallecito contrapuso las más profundas devociones con la música y el alcohol.

En la escalinata, la fila de los creyentes hacia la imagen de la Difunta Correa era un solemne desfilar sólo interrumpido por algunas toses o rezos en murmullos. Con respeto, devoción y silencio miles de personas eligieron la noche para pedirle favores o cumplir promesas a la Difunta Correa, uno de los lugares que convoca multitudes cada Viernes Santo. En el pedemonte, en tanto, se oían a lo lejos carcajadas, gritos y música. Es que la noche también tiene su otra cara, la de la distensión, la que exacerba el consumo de alcohol o la música a todo volumen cuando otros sólo quieren rezar. En la madrugada de ayer, otra escena reflejaba esos dos mundos: mientras un puñado de creyentes oraba dentro de la capilla de Vallecito, en las puertas del templo un grupo de jóvenes jugaba a las cartas y tomaba fernet, a la vez que otros chicos bailaban cumbia.

Ya durante el día, el grueso de los asistentes se hizo presente. Este año calcularon que hubo 40.000 personas, mientras que en 2014 fueron 22.000 y en 2013, 20.000.

“Antes era distinto. Los devotos que venían de noche buscaban estar más tranquilos para agradecer o pedir y así evitar tanta gente de día. Ahora como que se ha perdido el respeto. Uno no se explica por qué eligen la Difunta para eso, habiendo tantos otros lugares”, señaló Orlando Tapia, jubilado y devoto “de toda la vida” de la Difunta Correa.

En la parte más alta del oratorio, donde están las imágenes de Deolinda, los creyentes se apretujaban en las escalinatas y algunos de los que subían de rodillas o espalda no aguantaban las lágrimas. Otros llegaban tratando apenas de apoyar las plantas de sus pies, por el dolor de las ampollas tras sus caminatas nocturnas. Ya en el sector bajo, la calle principal del paraje aparentaba ser una peatonal. Vallecito de noche, para Semana Santa, parece no dormir. El lugar es un hervidero de personas que van y vienen, durante toda la madrugada. Además, las carpas se apiñan por los rincones, pero pocos son los que adentro descansan. Las rondas de mates, fernet o vasos de vinos se asemejan más una noche del Día de Estudiante que de Viernes Santo. Es que los devotos nocturnos mayoritariamente son jóvenes o adolescentes, que llegan al paraje caminando, en bicicletas o motos.

“El ritmo no afloja desde la medianoche y es constante. Otros años había un paréntesis entre las dos y las cuatro de la madrugada, pero ahora la gente no deja de pasar”, contó el comisario José Morales, a cargo del operativo de seguridad.

La Senda del Peregrino, en tanto, tuvo varios puestos de ventas de comida y bebidas, con improvisados gazebos, que se convirtieron algo así como postas para los promesantes.

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