“Mejor para todos si mi hermano Paco hubiera sido fontanero”. Esta expresión de Pilar Franco Bahamonde habla del impacto que representó para ella la presencia de un familiar directo, Francisco Franco, en la jefatura del Estado español y con poder absoluto durante más de 36 años. Pilar tenía 90 años en el momento de la entrevista que le realizamos el 28 de febrero de 1985 en su residencia de Nenacasas, 75 Barcelona, poco antes de trasladarse definitivamente a Madrid donde falleció en 1989. Casada con el militar Alfonso Jaraíz Pérez-Fariña, con quien tuvo diez hijos, su vida había transcurrido con “normalidad”, decía ella, porque debió ocuparse de sus hijos y de “visitar a familiares y amigos, como siempre me gustó”. Pero entre esas visitas eran pocas las que hacía a su hermano Francisco, apodado “el generalísimo”, en el palacio de El Pardo, su residencia oficial, entre otras cosas porque tuvo frecuentes enfrentamientos con la esposa de Franco, Carmen Polo. Pilar era una mujer muy activa y conversadora pero nunca abrazó públicamente el camino de su hermano, quien gobernaba España con mano dura, siendo responsable de más de 150 mil asesinatos tras la Guerra Civil. A ello se sumó que la hija mayor de Pilar, María del Pilar Jaraíz Franco, había abrazado las ideas socialistas, tanto que, tras la muerte del dictador en 1975 y con la llegada de la democracia, terminó afiliándose al Partido Socialista Obrero Español (PSOE). La llamaban “la sobrina roja de Franco”, y este fue otro de los “disgustos” de Pilar con su poderoso hermano, ya que, incluso, su hija, en reuniones todavía clandestinas antes de 1975, llegó a expresarse muy crítica por “la falta de libertad, la desigualdad y la represión” en la España de su tío Francisco.
En ese marco de la relación entre los hermanos Franco, Pilar supo cultivar una amistad muy cercana con el general Juan Perón y su esposa María Estela Martínez, “Isabel”, que residieron en Madrid entre 1960 y 1973. Muy a pesar de lo que se ha supuesto y hasta publicado, Perón nunca se reunió con Franco durante su exilio español. Solo se saludaron en junio de 1973 en presencia del entonces presidente argentino Héctor J. Cámpora, que había viajado a Madrid para buscar a Perón e Isabel con motivo del regreso definitivo de ambos al país, y fueron recibidos por el jefe del Estado español. Paralelamente, se sabe que, a la llegada de Perón a España, en 1960, el dictador había ordenado a su entorno que con Perón residiendo en Madrid “solo se cumpliera con la obligada cortesía por la ayuda alimentaria tan importante que el gobierno peronista hizo llegar a todos los españoles”, de la mano de Evita cuando viajó especialmente en junio de 1947, llevando trigo, carne y varios otros alimentos no perecederos. Eran momentos en que los españoles se encontraban aislados internacionalmente tras el final de la Segunda Guerra Mundial.
Hasta ese momento del retorno del matrimonio Perón a Argentina, Pilar había construido una sólida amistad con ellos, y varias veces fue invitada a la madrileña Quinta “17 de Octubre” de Puerta de Hierro, “donde charlábamos y tomábamos mate juntos”. A su vez recordó la boda de Perón e Isabel en 1961, ceremonia a la que asistió Pilar especialmente invitada. Con buena memoria después de casi treinta años, Pilar contó que la ceremonia se realizó en la Iglesia de la Merced de Madrid, y que los testigos de la boda fueron el doctor Francisco José Flórez Tascón, médico de Perón en Madrid, y su esposa María Dolores Sixto Sanz. A su vez, las hemerotecas madrileñas permiten saber que el sacerdote que los unió en matrimonio fue el español Luis Moré Serra, de la Orden de los Clérigos Regulares, conocidos como Teatinos, junto al mercedario fray Elías Gómez y Domínguez.
Cuatro meses después del histórico retorno del matrimonio a Buenos Aires, Pilar Franco fue invitada especialmente por Perón a su toma de posesión como presidente de la República Argentina tras su triunfo del 23 de septiembre de 1973. Y durante la entrevista que le realizamos, ella recordaba así aquellos momentos:
“El general no debió volver nunca. El mismo me dijo el día de su regreso, ‘Ay Pilar, se me acabó la paz y se me acabará la vida en Buenos Aires…’, es que, claro, ni él ni Isabel necesitaban del poder… Vivían bien en Madrid… ¿para qué irse? Pero las presiones eran muchas, y usted ya sabe lo que pasa en estos casos… Paco, mi hermano también tendría que haber dejado a su tiempo el poder, mucho antes, pero ya ve usted…”.
Finalmente Pilar Franco reconoció que “para aclarar muchas cosas que se han dicho sobre mi familia”, había decidido escribir un libro de memorias que tituló “Nosotros, los Franco”, en 1980. Entre otras cosas que ella quería aclarar o desmentir en la obra estaba la versión que se escuchó insistentemente aquellos años sobre lo que ella y su familia había sido beneficiada económicamente por la dictadura franquista en negocios particulares. Pero a pesar de tan animada amistad entre Pilar e Isabel, hubo disgustos para la ex presidenta porque tras su regreso a España en 1981, luego del golpe de Estado y su prisión de más de cinco años entre Neuquén y Buenos Aires, Isabel notó que Pilar “hablaba demasiado” de su vida y de su condición de viuda de Perón. Por ejemplo, Pilar se enteró que Isabel había vuelto en los veranos a la costa malagueña o a Mallorca, como en los tiempos de Perón y que se hablaba de supuestos novios de la ex presidente. Como, por ejemplo, la presunta relación entre Isabel y Francesco de Perlac, conocido como “el conde de Perlac”, propietario del hotel “Don Pepe” de Marbella, o más adelante otra murmuración de noviazgo con el ultimo administrador de la Quinta “17 de Octubre”, José Miguel Vanni, versiones desmentidas en ambos casos, esta última por el propio Vanni en la revista argentina “Semana”, pero comentadas por la simpática Pilar Franco con sus amigas.
* Periodista, fue redactor de la agencia Europa Pres R. de Madrid