9 de septiembre de 2010 - 00:00

La sarmientita, un homenaje eterno

Este mineral fue descubierto y analizado hace siete décadas por eminencias argentinas y norteamericanas. Lo bautizaron así en reconocimiento al Maestro de América.

Entre los múltiples homenajes que recibió en la historia Domingo Faustino Sarmiento, de quien pasado mañana se cumplirá 122 años de fallecimiento, hubo uno que dejó su marca eterna en la naturaleza: la sarmientita. Se trata de un mineral que descubrió un grupo de investigadores hace siete décadas en Calingasta, y que decidió bautizar así por el Maestro de América, en agradecimiento a su aporte a la ciencia en general y al desarrollo minero en particular.

Al frente de la investigación estaban dos pesos pesados del campo académico: Víctor Angelelli, geólogo de la Dirección de Minas y Geología de la Nación, quien encabezaba el trabajo de campo; y Samuel Gordon, miembro de la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia (EEUU), quien se encargó de las pruebas de laboratorio.

El relevamiento que estaban haciendo de ferrosulfatos en la zona calingastina de Alcaparrosa tenía muy entusiasmados a los científicos, dado que estaban en presencia de “uno de los yacimientos más interesantes del país”, según ellos mismos describieron luego en el informe titulado “Sarmientita, un nuevo mineral de la Argentina”, publicado por el Instituto de Fisiografía y Geología de la Universidad Nacional del Litoral en 1942.

El lugar que estaban analizando era el yacimiento lindero a la mina Santa Elena, a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar, en el kilómetro127 del camino de San Juan a Calingasta. Lo que más les estaba llamando la atención era la diversidad de los minerales que había allí y el color en que se presentaban en las distintas vetas, ya que eso dejaba traslucir procesos geológicos reveladores.

Fue entonces cuando dieron con un mineral nuevo, de color crema, formado por nódulos de no más de 7,5 centímetros de diámetro. Ante la sospecha de que se encontraba frente a material nunca antes analizado, Angelelli mandó a analizar una muestra. La sarmientita, que aún no tenía ese nombre, pasó entonces por el microscopio del avezado Gordon, y el norteamericano fue concluyente: ese mineral no había sido estudiado nunca antes en el muestrario argentino. Era un nuevo nacimiento para la mineralogía.

Fue el propio Angelelli quien propuso entonces el nombre sarmientita. Era, según dejó constancia luego en el informe, “en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, que dio en su época gran impulso a la ciencia, fundando la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba y estimuló la industria minera en la Argentina”.

Honrar la memoria del Maestro era lo más acertado. Muy poco después de haber asumido como gobernador de San Juan, en 1862, Sarmiento designó un Diputado en Minas y le encargó la tarea de ordenar el hasta entonces mundo caótico de la administración minera: así sentó las bases jurídicas y administrativas para la actividad.

Más adelante, Sarmiento seguiría haciendo aportes fundamentales para el desarrollo minero. Un paso fundamental fue nombrar Inspector de Minas al metalurgista inglés Francisco Rickard, miembro de la Real Sociedad de Geografía y Geología de Inglaterra, con lo cual se aseguraba dos cosas: una dedicación profesional en la exploración minera, y un atractivo adicional ante los ojos de los inversores europeos, sobre todo los británicos, en plena expansión y búsqueda de minerales por su Revolución Industrial.

En junio de ese mismo año, Sarmiento envió un mensaje a la Legislatura para pedir apoyo a la Nación en su estrategia de desarrollar la minería. El texto decía: “Millares de hombres han consumido sus pequeños capitales, permaneciendo dos años con los brazos cruzados, sin la esperanza siquiera de trabajar en ramo alguno de los conocidos. Tal situación sería de desesperar, si la naturaleza no ofreciera un camino nuevo por donde salir de este estancamiento: las minas”. Así vendrían la Compañía de Minas de San Juan y otros tantos emprendimientos de desarrollo, que hicieron que los cronistas de la época hicieran un diagnóstico contundente: con la minería Sarmiento, decían, había logrado en 7 meses lo que había podido observar durante 20 años.

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