Son contados los minutos desde que una persona se desvanece naturalmente hasta que por medio de maniobras, pueda regularizarse la respiración y la circulación sanguínea. Nadie puede predecir un paro cardiorrespiratorio, también llamado muerte súbita, que causa ese desfallecimiento rápido (que se desencadena en el lapso de una hora aproximadamente) y que resulta un cuadro más frecuente de lo que se tiene consciencia. Por ende, esos minutos de auxilio valen oro y hacen la diferencia entre la vida y la muerte.


Sin llegar a ese extremo, también son fundamentales esos primeros momentos en los que se requiere de ayuda ante una caída, una lastimadura, una quemadura, entre otros ejemplos de accidentes domésticos o de menor envergadura.


Estas situaciones no pasan en las películas. Pasan en la vida real. Y lamentablemente no todos saben qué hacer.


Gonzalo Martínez -quien por años supo dedicarse a coordinar y organizar servicios de emergencias médicas en ambulancias y por eso decidió ser instructor de RCP, primeros auxilios y maniobras de emergencias- ofrece cursos teóricos y prácticos para adquirir todas las herramientas necesarias para actuar correctamente en esos momentos en que una persona puede llegar a debatirse entre la vida y la muerte. De hecho, ayer estuvo al frente de dos espacios de capacitación en RCP (Reanimación o resucitación Cardio-Pulmonar), mientras que el próximo sábado 19 compartirá sus conocimientos de primeros auxilios para todo aquel que desee escucharlo.


"Tener estas herramientas puede salvar vidas", dice categórico el instructor, a la vez que asegura que toda persona, inclusive niños de 12 o 13 años -con la salvedad que deben tener algo de fuerza para apretar el pecho para hacer las maniobras- debería pasar por este entrenamiento. No es requisito ser personal de salud, ni tener musculatura desarrollada, ni conocimientos previos.


Su propuesta tiene una razón de ser: "Según la Organización Mundial de la Salud, cada minuto que pasa en un caso de muerte súbita se pierde un 10 por ciento de posibilidad de sobrevida para la persona que lo sufre. Por eso es fundamental actuar con rapidez y dar asistencia de inmediato", replica.


Es que según sus conocimientos "la muerte súbita o el paro cardio respiratorio es lo más grave que nos puede pasar, porque si uno tiene una caída, un siniestro vial, una herida, una quemadura, hasta un infarto tiene un margen de tiempo para pedir ayuda como llamar a un servicio de emergencia o trasladarse a un hospital. Hay una segunda oportunidad. Pero en la muerte súbita la ventana de la oportunidad de poder salvar a la persona es mínima. Por eso se necesita que la comunidad aprenda maniobras básicas porque la ambulancia siempre va a llegar tarde. Es tan grave el episodio de la detención de los signos vitales, la respiración y el latido del corazón, que en cuestión de minutos tenemos muerte cerebral", detalla.


En Argentina se calcula que se producen al año 40.000 casos de muerte súbita, aproximadamente un caso cada 1.000 habitantes, "casi dos veces la capacidad del Estadio del Bicentenario describe Martínez-. Es una patología que no avisa, no da síntomas previos. Por ende la única forma de enfrentarla es preparando a la gente que está con uno cuando te pasa esto, que sepan apretar el pecho adecuadamente, sepan mantener este corazón latiendo 'mecánicamente' a través de la maniobra de RCP y que eso le de la oportunidad a que cuando lleguen los médicos en la ambulancia puedan hacer algo", asegura.

Capacitarse, salva vidas

Los cursos que dicta Martínez se multiplican y él mismo cree que han tomado auge con la sanción de la ley nacional 27159 de Prevención de la Muerte Súbita (que establece que todas las instituciones donde haya concentración de gente, como escuelas, clubes, oficinas públicas, aeropuertos, hoteles y restaurantes deben tener personal con conocimientos de resucitación cardiopulmonar y desfibriladores) sumado a todas las eventualidades de salud que se han vivido últimamente en contexto de pandemia.


Uno de los cursos se centra en la RCP, una técnica que se puede aprender en 3 horas de clase que incluyen la práctica con maniquíes y muñecos que simulan un cuerpo humano con sensores sonoros y lumínicos que le indican tanto al alumno como al docente que la maniobra de apretar el pecho fuerte y rápido, tratando de hundir el tórax de 5 a 6 centímetros se está haciendo correctamente. Ese proceso hay que repetirlo ininterrumpidamente, de forma regular.

El otro taller que dicta es acerca de primeros auxilios para poder actuar cuando alguien sufre una fractura, hemorragia, caídas, otros problemas cardíacos, convulsiones, picaduras, quemaduras, golpes de calor. "Le enseñamos como enfrentarse a una emergencia para tratar de ayudar, familiarizándose con las patologías más recurrentes que pueden pasar en accidentes hogareños o en la calle, con resolución rápida a través de un buen botiquín y teniendo en cuenta que los primeros auxilios no invalidan la asistencia médica, sino que son un complemento que hace que quien tiene conocimientos pueda hacer alguna acción para que no se genere tanto daño hasta que llegue el médico o se lo pueda trasladar a un centro médico. También en ese curso y a partir de mi experiencia laboral en el 107, les enseñamos cómo llamar al servicio de emergencia, cuando llamar, que decir para que la ambulancia llegue lo más rápido posible. Muchas veces pasa que la gente se pone nerviosa, se pone a la defensiva ante las preguntas, se enoja y pelea y en lugar de ser un colaborador pone trabas a ese pedido de auxilio al servicio de emergencia", afirma.


Ayer, en la sede de la Parroquia de Concepción dio dos cursos de RCP. Mientras que el sábado 19, en el mismo lugar, en doble horario -de 10 a 13 y de tarde de 17 a 20- será sobre primeros auxilios. Ambos cursos los repiten todos los meses para un cupo de 30 personas, con certificación internacional (avalada por el instituto de formación en Emergencias, AIDER, de Canadá con sede en Argentina a través de la Asociación para la Capacitación de Emergencia y Socorro). Cada uno tiene un costo de 2000 pesos. Para mayor información contactarlos por redes sociales tanto Instagram como Facebook- como Botiquines San Juan o por teléfono al 264-5521190.

Clave un buen botiquín

Actualmente Martínez se dedica, además de la docencia, a una empresa que se dedica a amar botiquines de emergencia a medida. Por eso es voz autorizada a la hora de explicar lo que tiene que contener. "La Organización Mundial de la Salud insiste en que una persona va a tener varios episodios de auxilio, de los cuáles un 80 por ciento va a resolver con un buen botiquín. Eso también es tema de los cursos", dice.


El botiquín se completa con insumos de primeros auxilios (gasa, venda, apósitos, curitas, tijera alcohol) y no medicamentos, salvo los que toma habitualmente el usuario y que hayan sido recetados por su médico de cabecera.