10 de noviembre de 2009 - 00:00

Cuidado con el cerebro

El 29 de octubre se conmemoró el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular, enfermedad grave que ataca el cerebro dejando serias secuelas y pudiendo ocasionar la muerte. Como evitarlo.

El ACV (accidente cerebrovascular), también llamado "ictus", es un episodio neurológico agudo que afecta las funciones del sistema nervioso central. Se produce cuando el suministro de sangre a una parte del cerebro se interrumpe repentinamente, por la presencia de un coágulo, o cuando un vaso sanguíneo en el cerebro se rompe, derramando sangre en los espacios que rodean a las células cerebrales.

Los tipos de ACV son:

Trombótico: Se forma un coágulo en una de las arterias o vasos que irrigan el cerebro provocando la obstrucción del mismo, y por lo tanto la falta de suministro sanguíneo.

Embólico: El coágulo se forma en alguna parte del cuerpo y viaja hacia el cerebro a través del torrente sanguíneo.

Hemorrágico: Se produce sangrado dentro del cerebro (intracerebral) o en una arteria próxima a la membrana que lo rodea. Generalmente la causa es la hipertensión y aneurisma cerebral.

Infarto de vasos pequeños: Interrupción del flujo sanguíneo en un vaso pequeño.

-Cambios en la personalidad.

-Cambios en el estado anímico (depresión, apatía).

-Somnolencia, letargo o pérdida del conocimiento.

-Movimientos incontrolables de los ojos o párpados caídos.

Si se presenta uno o más de estos síntomas durante menos de 24 horas, se puede tratar de un accidente isquémico transitorio (pérdida temporal de la función cerebral), y un signo de advertencia de un posible accidente cerebro vascular futuro, pero siempre es conveniente asistir inmediatamente al médico, ya que las 3 horas posteriores a un ACV son determinantes para recibir un tratamiento que bloquee la gravedad del episodio y consiga luego una recuperación más positiva.

Cuando se sufre un ACV se llevan a cabo una serie de exámenes para determinar el tipo, la localización y la causa, y descartar otros trastornos que pueden ser responsables de los síntomas.

Dichos exámenes pueden incluir una tomografía computada, una resonancia magnética, un electrocardiograma, una evaluación del flujo sanguíneo y lugares de sangrado, un ecocardiograma, una angiotomografía y un doppler de arterias del cuello y/o transcraneal.

El tratamiento inmediato en general es a base de medicamentos trombolíticos y anticoagulantes y elementos nutrientes y líquidos (si la persona presenta dificultades para deglutir).

A largo plazo el tratamiento pretende la prevención de ACV futuros y la recuperación de la mayor funcionalidad posible. Según el caso, éste incluye terapia del lenguaje, ocupacional y fisioterapia.

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