Cada 31 de mayo en la Argentina se celebra el Día Nacional de la Cerveza, una fecha que fue creciendo desde las redes sociales y los grupos de consumidores hasta instalarse en la agenda de las efemérides más populares del país.
Cada 31 de mayo en la Argentina se celebra el Día Nacional de la Cerveza, una fecha que fue creciendo desde las redes sociales y los grupos de consumidores hasta instalarse en la agenda de las efemérides más populares del país.
Lejos de ser solo una excusa para brindar, este día pone el foco en la historia, la industria y la fuerte presencia cultural que tiene esta bebida en la vida cotidiana de los argentinos.
La elección del 31 de mayo no es casual. Ese día, pero de 1890, salió por primera vez al mercado la cerveza elaborada por la Cervecería Quilmes, fundada dos años antes por el empresario alemán Otto Bemberg. Aquel lanzamiento se transformó con el tiempo en un hito para la industria nacional y en un punto de partida simbólico para el desarrollo de una identidad cervecera propia.
Productores, cervecerías industriales, pequeños emprendedores, brewmasters y aficionados adoptaron esta fecha como una oportunidad para repasar una historia que ya supera los 130 años de producción continua y que se arraigó en la cultura gastronómica argentina.
Los antecedentes de la cerveza en el territorio que hoy es Argentina se remontan a la época colonial. La influencia de inmigrantes europeos, principalmente ingleses, alemanes y suizos, fue clave para la introducción de recetas y técnicas de elaboración que luego se adaptarían a las condiciones locales.
Historiadores coinciden en que en el siglo XVIII funcionó una de las primeras fábricas cerveceras del país, conocida como «La Zervezería», ubicada en la zona de Retiro, en la ciudad de Buenos Aires. En aquel entonces, la cerveza era una bebida costosa y de consumo restringido, asociada a sectores acomodados y a contextos muy específicos.
Recién en el siglo XIX, con la consolidación de nuevos centros urbanos y el avance de la industrialización, la cerveza comenzó a popularizarse. La llegada de inmigrantes con fuerte tradición cervecera impulsó la apertura de fábricas y permitió que el producto se volviera más accesible para amplios sectores de la población.
El crecimiento de la producción a escala industrial dio lugar a algunas de las marcas que marcaron para siempre el mapa cervecero argentino. Entre las pioneras se destacan:
Bieckert (1860): fundada en Buenos Aires por el alemán Emilio Bieckert, fue una de las primeras grandes cervecerías del país y señaló el camino hacia una producción más moderna y sistematizada.
Cervecería San Carlos (1884): nacida en San Carlos Sud, Santa Fe, se la considera la «madre de las cervecerías» santafesinas. De allí surgieron maestros cerveceros que luego aportarían a otras marcas históricas. Tras casi 150 años de actividad, cerró en 2010.
Quilmes (1890): el lanzamiento de su cerveza al mercado en 1890 se transformó en uno de los grandes hitos del sector y en el origen de una de las marcas más reconocidas del país.
Estas empresas ayudaron a conformar un paisaje cervecero propio, combinando tradiciones europeas con hábitos locales. Un paso importante en la consolidación de la actividad se dio en la década de 1980, cuando comenzaron a utilizarse lúpulos producidos en la Patagonia, lo que redujo la dependencia de insumos importados y fortaleció la cadena de valor nacional.
A partir de los años 2000, la escena cervecera argentina vivió un verdadero boom con la irrupción de las cervecerías artesanales. El movimiento se apoyó, en buena medida, en los homebrewers, aficionados que comenzaron a elaborar cerveza en sus casas con equipamiento básico y recetas aprendidas en manuales, cursos y experiencias internacionales.
Muchas de las marcas artesanales que hoy tienen presencia en diferentes provincias nacieron de esos primeros experimentos. Con el tiempo, se profesionalizaron, abrieron fábricas a pequeña y mediana escala, y sumaron locales propios o franquicias. Este fenómeno amplió notablemente la oferta: aparecieron nuevos estilos, variedades con lúpulos patagónicos poco conocidos por el gran público, ediciones especiales y propuestas de maridaje con platos regionales.
La cerveza artesanal también acercó al consumidor a los procesos de producción. Visitas guiadas, degustaciones, catas dirigidas y ferias especializadas se volvieron parte habitual del calendario cervecero en ciudades de todo el país.
La sommelier argentina Sol Cravello, jueza internacional del programa BJCP (Beer Judge Certification Program) y certificada Cicerone Nivel 2, destaca el valor simbólico de esta fecha. Para la especialista, el Día Nacional de la Cerveza permite reconocer una tradición que atraviesa generaciones y que está íntimamente ligada a los espacios de socialización: bares, clubes, canchas, festivales y reuniones familiares.
Hoy, con cientos de productores artesanales distribuidos a lo largo del país, la Argentina exhibe una cultura cervecera diversa y en expansión. Más de 130 años después de aquella primera Quilmes en las góndolas, la cerveza sigue siendo una de las bebidas predilectas de los argentinos y un componente insoslayable de su identidad gastronómica y social.