Diferencias de subjetividades. El Gobierno presentó el miércoles a última hora sus proyecciones para 2022 en el Presupuesto que ingresó más tarde al Congreso. Mientras tanto, hace apenas dos semanas, se publicaba el último informe de expectativas del mercado: allí, las consultoras y las entidades financieras pronosticaron para el año que viene un déficit mayor, más devaluación y más inflación que la que propuso el ministro de Economía, Martín Guzmán.

En un cuadro relevado por el economista Fernando Marull, socio de FMyA, las diferencias entre lo que proyecta el Ministerio de Economía (Mecon en la imagen) y el mercado (REM, por el Relevamiento de Expectativas de Mercado que difunde el Banco Central), para 2022 hay claras diferencias. Mientras que el Gobierno proyecta una inflación del 33%, el mercado la supera por 10 puntos: 43%. Mientras que el primero ve un tipo de cambio mayorista a fin de año a $131,1 (y, por ende, una devaluación del 28%), el segundo lo ve en $154 (con una devaluación del 46%).

Dos diferencias más: el crecimiento de la economía (4% vs. 2,5% para el mercado) y el déficit fiscal primario (3,3% vs. 2,5% para el mercado, lo que implicaría un ajuste mayor del que estima el Gobierno).

Es lógico, explica Federico Furiase, economista de Anker, porque el Presupuesto “siempre de alguna manera quiere marcar expectativas” a través del “escenario más optimista posible”. “Después podemos debatir sobre la factibilidad de los supuestos: en medio de la incertidumbre política y el quiebre de la coalición de Gobierno, parece que el Gobierno en el corto plazo tiene un problema para anclar expectativas, porque no se sabe si tiene el respaldo político suficiente”, añade, como para empezar a hablar.

Suponiendo que este presupuesto avanza, de todos modos, hay algunas proyecciones del Ministerio de Economía más “jugadas” que otras. Así lo explica Marull: “Que el PBI crezca 4% es muy difícil, vemos un leve rebote traccionado un poco por el avance de Brasil. El 33% de inflación no cierra si asumen que va a cerrar en 42% este año: cierra con la devaluación que asume el Gobierno, pero no con la suba de tarifas que está implícita en el Presupuesto, que es más cercana al 60%”.

¿La economía crece 4%?

El crecimiento es la variable más cuestionada por todos los economistas consultados por TN.com.ar. “Un crecimiento del 4% es difícil teniendo en cuenta que va a ser difícil que el salario le gane a la inflación y que tenés una economía prácticamente sin crédito y que ese avance requiere de un aumento de las importaciones del 12%, lo que suena bastante forzado teniendo en cuenta este nivel de brecha cambiaria y sin un nuevo rally en los precios de las commodities [como la soja, algo que ayudó al ingreso de divisas de este año]”, señala Furiase.

“La dinámica de las exportaciones también luce optimista y depende demasiado de la evolución de precios internacionales -añade, en el mismo sentido, Federico Moll, director de la consultora Ecolatina-. En cantidades es esperable una disminución marcada y eso el presupuesto no lo marca. El esquema de incentivos no premia a la exportación para aquellas empresas que ya tienen un mercado afuera y es prohibitivo para las empresas que buscan desarrollarlo”.

Sobre la inflación, Furiase añade que todavía hay mucha “inflación reprimida” respecto de las tarifas de energía -que deberían aumentar más el año que viene- y porque hay un desequilibrio monetario fuerte y una brecha cambiaria que hacen que lo cambiario no sea tan efectivo en anclar las expectativas de inflación: es decir, que ve difícil que el año que viene el Gobierno pueda utilizar la estrategia de devaluación por goteo lento que está aplicando en estas semanas electorales.

Sobre el tipo de cambio a fin de año, María Castiglioni, socia de C&T Asesores Económicos, coincide en que es difícil que se cumpla la proyección. “Vemos una devaluación más pareja con la inflación, que ya de por sí tiene un piso bastante alto”, comenta. “No hay mucho más para decir: lamentablemente, es otro año en el que el Presupuesto va perdiendo una parte del rol que tiene porque cuando la inflación está subestimada los recursos también se subestiman, y eso da margen de maniobra al Gobierno a modificar los gastos en función del Poder Ejecutivo”, concluye la economista.