El Papa León XIV inició su discurso oficial en el Palacio Libertad ante las autoridades nacionales y la sociedad civil. En un mensaje enfocado en la concordia, el Sumo Pontífice remarcó los objetivos institucionales y pastorales de su llegada al país.
Los principales textuales del inicio de su discurso:
Misión pastoral: “He venido como sucesor del apóstol Pedro y por ello como pastor. Deseo encontrarme con la iglesia que peregrina en esta tierra y dirigirme a toda la nación y a quienes han recibido la tarea de servirla”.
El rol de la Iglesia ante la función pública: “La iglesia acompaña la vida de los pueblos desde la misión que le ha sido confiada. Por eso, también ante quienes ejercen responsabilidades públicas, deseo ofrecer una palabra inspirada en el Evangelio y orientada a custodiar la dignidad de cada persona, la concordia y el bien común”.
El recuerdo del papa Francisco: “Mi llegada a esta tierra tiene para mí un significado particular. Durante 12 años la iglesia universal escuchó la voz de un pontífice argentino que llevó consigo en la memoria y en el corazón los lugares, las personas y la fe que aquí recibió”.
Convivencia y democracia: “Compartir una misma herencia exige también aprender a convivir aun cuando existan diferencias de pensamiento. La historia enseña cuánto puede crecer un pueblo cuando sus diferencias se convierten en ocasión de diálogo y encuentro. Por eso, la democracia pertenece también a esa herencia que debe ser custodiada”.
El valor del sufragio y las instituciones: “Elegir a los propios gobernantes mediante el sufragio, participar en la vida pública, expresar con libertad las propias convicciones, confiar en la ley y reconocer en las instituciones un espacio común son bienes que se afianzan con el tiempo y que cada generación está llamada a cuidar y fortalecer”.
Forma de actuar en la vida pública: “La democracia se fortalece también en la manera cotidiana de actuar en la vida pública, en la disposición a escuchar, en el cuidado de la palabra, en la búsqueda paciente de acuerdos y en la capacidad de reconocer en quien piensa de manera distinta a un compatriota con quien se comparte un mismo destino”.
El ejercicio de la autoridad: “La autoridad alcanza su sentido más alto cuando se ejerce como servicio, cuando sabe mirar más allá de lo inmediato y cuando pone sus capacidades al cuidado de aquello que pertenece a todos. Quien ejerce la autoridad tiene también el deber de actuar con prudencia, reconocer los límites del poder que le ha sido confiado y orientar sus decisiones hacia el bien de toda la comunidad”.
El rol de la familia: “El bien común al que sirve la autoridad debe poder percibirse también en las condiciones concretas de la vida cotidiana. La familia, célula básica de la sociedad, ocupa aquí un lugar esencial. En ella cada persona aprende a descubrir que su vida está unida a la de otros y que también es responsable de ellos”.
Educación e infancia: “Preservar y fortalecer esta vocación educativa exige ofrecer a los jóvenes una formación que les permita descubrir sus talentos y ponerlos al servicio de los demás (...). ¿Qué lugar ocupan en nuestras decisiones quienes aún no han nacido? Antes de preguntarnos qué mundo le dejaremos, debemos reconocer su dignidad y nuestra responsabilidad hacia las generaciones venideras”.