21 de mayo de 2026 - 05:00

Adultos mayores en la era de la IA: el riesgo de quedar afuera

Por Claudio Larrea - Director del Observatorio de Inteligencia Artificial – UCCuyo

La Inteligencia Artificial (IA) se ha incorporado de manera progresiva a múltiples dimensiones de la vida social: salud, comunicación, trámites, consumo, educación y cuidado. En este escenario de transformación acelerada, los adultos mayores suelen aparecer asociados a un riesgo recurrente: quedar excluidos de entornos cada vez más digitalizados. Sin embargo, una mirada exclusivamente negativa resulta incompleta. La IA no solo plantea desafíos, sino también oportunidades concretas para mejorar la calidad de vida, la autonomía y la inclusión de las personas mayores, siempre que su diseño y uso contemplen sus necesidades reales.

En la vida cotidiana, la IA ya ofrece herramientas de gran valor para este grupo etario. Asistentes de voz permiten realizar llamadas, buscar información o gestionar recordatorios sin necesidad de interfaces complejas. Sistemas inteligentes ayudan a organizar la medicación, monitorear signos vitales o detectar situaciones de riesgo en el hogar, como caídas o desorientación. Estas aplicaciones no sustituyen el cuidado humano, pero funcionan como apoyos que prolongan la independencia y refuerzan la seguridad, especialmente en contextos de envejecimiento poblacional.

Desde una perspectiva social, la IA también puede contribuir a reducir la soledad y fortalecer la participación. Plataformas de comunicación adaptadas, contenidos personalizados y entornos digitales accesibles facilitan el contacto con familiares, amigos e instituciones. Para muchos adultos mayores, el aprendizaje de nuevas tecnologías se convierte, además, en una experiencia de estimulación cognitiva y de reafirmación personal. La edad, en este sentido, no constituye un límite para la apropiación tecnológica cuando existen acompañamiento y diseño inclusivo.

El verdadero riesgo de "quedar afuera" no reside en la tecnología en sí, sino en la ausencia de mediaciones adecuadas. Sistemas pensados exclusivamente para usuarios jóvenes o altamente digitalizados tienden a reproducir barreras invisibles. El verdadero riesgo de "quedar afuera" no reside en la tecnología en sí, sino en la ausencia de mediaciones adecuadas. Sistemas pensados exclusivamente para usuarios jóvenes o altamente digitalizados tienden a reproducir barreras invisibles.

El verdadero riesgo de "quedar afuera" no reside en la tecnología en sí, sino en la ausencia de mediaciones adecuadas. Sistemas pensados exclusivamente para usuarios jóvenes o altamente digitalizados tienden a reproducir barreras invisibles. Por ello, el desafío central no es frenar la innovación, sino orientar su desarrollo hacia principios de accesibilidad, usabilidad y respeto por la diversidad generacional. Una IA inclusiva es aquella que se adapta a las personas, y no a la inversa.

La familia, las organizaciones sociales y el Estado cumplen un rol clave en este proceso. Acompañar a los adultos mayores en el uso de tecnologías, ofrecer instancias de formación continua y garantizar canales de atención humana complementarios son estrategias fundamentales para evitar exclusiones. La alfabetización digital intergeneracional no solo favorece la inclusión, sino que fortalece los vínculos y promueve una cultura de aprendizaje compartido.

Desde el punto de vista institucional y académico, pensar la relación entre IA y envejecimiento implica asumir una responsabilidad ética. La modernización tecnológica no puede medirse únicamente en términos de eficiencia, sino también de equidad y dignidad. Incorporar la voz de los adultos mayores en el diseño de soluciones digitales es una condición necesaria para que la innovación sea verdaderamente socialmente valiosa.

En la era de la Inteligencia Artificial, el desafío no es decidir si los adultos mayores deben adaptarse al futuro, sino cómo el futuro puede ser construido con ellos. Cuando la tecnología se orienta al cuidado, la inclusión y la autonomía, deja de ser un factor de exclusión y se convierte en una herramienta de integración. Evitar que alguien "quede afuera" no es solo una cuestión técnica: es una decisión colectiva sobre el tipo de sociedad que queremos construir.

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