30 de marzo de 2026 - 04:00

Inteligencia artificial y comprensión: el desafío al que nos enfrentamos

EDUCACIÓN

Por Silvana Cataldo - Especialista en formación en lectura

Un estudiante abre su computadora, escribe una consigna y en pocos segundos obtiene una respuesta completa: un texto ordenado, claro, listo para entregar. La escena, que hace apenas unos años parecía lejana, hoy es parte de la vida cotidiana en las aulas. Especialistas de distintas áreas (Educación, Psicología, Filosofía) vienen advirtiendo que el problema no es si los estudiantes usan inteligencia artificial, sino qué tipo de aprendizaje se está construyendo en ese proceso. Porque usar IA les permite a los estudiantes presentar un trabajo correcto sin haber leído en profundidad ni elaborado sus propias ideas. Pueden "resolver" sin comprender. Esto no es solo un cambio en las formas de estudiar. Es un cambio en la naturaleza misma del aprendizaje.

Pensar bien requiere esfuerzo, evidencia y tiempo. Nada de eso ocurre cuando el proceso se reemplaza por una respuesta automática. Por el contrario, al delegar procesos cognitivos en la tecnología, nuestra capacidad de atención y comprensión van debilitándose. Y ese es el riesgo. Para el filósofo español Daniel Innerarity, autor de Una teoría crítica de la Inteligencia Artificial, la tecnología, y especialmente la digital, tiende a generar en nosotros "respuestas reflejas, más que reflexividad". Es decir: actuamos, pero no necesariamente pensamos sobre lo que hacemos. La inteligencia artificial lleva este fenómeno a un nuevo nivel. Ya no solo automatiza tareas, sino que automatiza respuestas. Y cuando las respuestas aparecen sin esfuerzo, el riesgo es que el pensamiento se vuelva superficial.

La inteligencia artificial llegó para quedarse. Pero su impacto más profundo no está en la tecnología, sino en una pregunta que empieza a inquietar a docentes y familias: ¿qué pasa con la comprensión cuando las respuestas están siempre disponibles? La inteligencia artificial llegó para quedarse. Pero su impacto más profundo no está en la tecnología, sino en una pregunta que empieza a inquietar a docentes y familias: ¿qué pasa con la comprensión cuando las respuestas están siempre disponibles?

La ilusión de la neutralidad

Innerarity advierte otro problema clave: la tecnología se vuelve invisible. Funciona sin exigirnos que pensemos en ella, y por eso tendemos a asumirla como neutral. Pero no lo es. Los algoritmos priorizan, seleccionan, organizan. Deciden qué vemos y cómo lo vemos. Y lo hacen sin que necesariamente lo notemos. En Educación, esto se traduce en una ilusión peligrosa: creer que acceder a una respuesta es equivalente a comprenderla. Pero comprender implica otra cosa. Implica detenerse, interpretar, relacionar, cuestionar. Nada de eso ocurre automáticamente. Es necesario enseñar a pensar, fomentar el desarrollo de habilidades para el pensamiento crítico. Por eso, la cuestión es cambiar el foco: es importante velar por que los estudiantes no hagan plagio en sus trabajos, pero es más urgente ayudarlos a desarrollar su pensamiento, invitarlos a ser usuarios críticos y responsables de estas herramientas, es decir, a no delegar el comando que en tanto seres pensantes tenemos.

Un nuevo rol para los docentes

Frente a este escenario, el rol docente cambia. Ya no alcanza con transmitir contenidos. Tampoco con incorporar tecnología. En un mundo donde las respuestas sobran, es tiempo de enseñar a hacerse preguntas, a analizar, a buscar más de un punto de vista, empatizar, sin atrincherarnos en nuestras creencias. Esto implica para los docentes el desafío de diseñar actividades que no puedan resolverse sin comprensión. Es clave ayudar a los estudiantes a hacer visibles los procesos de pensamiento, a comprender de qué modo arriban a tales conclusiones, cómo piensan lo que piensan. Por último, enseñar a ser usuarios de tecnologías críticos y responsables. Y esto involucra todos los espacios digitales por los que se transita y, por supuesto, la IA. Tal vez, uno de los mayores desafíos justamente no es prohibir el uso de IA, sino aprender a trabajar con ella. Y esto, lejos de deshumanizarnos, no interpela a volver a lo esencial: enseñar a leer, a pensar, a comprender. Porque en un mundo donde todo puede ser generado automáticamente, la diferencia no la va a hacer quien tenga acceso a la información, sino quien pueda interpretarla, cuestionarla y darle sentido.

Tal vez el mayor desafío de esta época no sea adaptarnos a la inteligencia artificial, sino asegurarnos de que, en ese proceso, no perdamos lo más importante: la capacidad de comprender por nosotros mismos.

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