Por Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo -Profesor
Por Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo -Profesor
La historia de Irán, conocida históricamente como Persia hasta 1935, es una de las civilizaciones continuas más antiguas del mundo, habitada desde la Edad de Piedra. Destacan el gran Imperio Aqueménida (fundado por Ciro el Grande en el 550 a.C.), la conversión al Islam en el siglo VII, la era Safávida que impuso el chiismo y la transformación en República Islámica en 1979 tras derrocar al Sha.
La islamización de Irán comenzó con la conquista musulmana de Irán, cuando el Califato Rashidun anexó el Imperio Sasánida. Fue un largo proceso mediante el cual el Islam, aunque inicialmente rechazado, finalmente se extendió entre los persas y los demás pueblos iraníes.
Pese a que los países de mayoría islámica han dado su apoyo a la causa palestina en el contexto de la actual guerra entre Israel y Hamás, las tensiones políticas y religiosas tradicionales en Medio Oriente siguen vigentes y marcan las posturas de los diversos actores.
Para muchos analistas, las diferencias entre ambas ramas del Islam son un claro recordatorio de lo complejo de las relaciones entre los dos principales rivales en Medio Oriente: Arabia Saudita e Irán.
Ambos países están enfrascados en una feroz lucha por el dominio regional y esta disputa de décadas se ve agravada por la división religiosa.
Cada uno de ellos sigue una rama: Irán es en gran medida musulmán chiita, mientras que Arabia Saudita se ve a sí misma como la principal potencia musulmana sunita.
Los suníes y los chiíes son las principales ramas del islam. El sunismo constituye aproximadamente el 90% de musulmanes en el mundo. Su nombre proviene de la palabra sunna ("tradición" en árabe), que alude a las enseñanzas y dichos de Mahoma. Por su parte, el chiísmo representa al 10% restante. Su denominación procede del término chía ("partido" o "facción"), que se refiere a los seguidores de Alí, primo y yerno del Profeta y el primer líder chií.
La principal disputa entre suníes y chiíes surgió con la sucesión de Mahoma. El sunismo defendía que el líder de la religión islámica debía ser elegido por la mayoría de la comunidad musulmana. Por el contrario, el chiísmo sostenía que el heredero debía ser alguien que perteneciera al linaje familiar del Profeta, empezando por Alí.
La fractura entre suníes y chiíes se originó con la muerte de Mahoma en el año 632. El Profeta unificó casi todas las tribus de la península arábiga en torno al islam, pero no definió claramente a su sucesor. De este modo, aparecieron las primeras divisiones. Un grupo encabezado por la oligarquía de La Meca pensaba que su heredero tenía que escogerse entre los notables de la comunidad musulmana. Por el contrario, miembros de la familia de Mahoma en Medina defendían que el sucesor debía compartir sangre con el Profeta.
Para resolver la cuestión sucesoria, las tribus mequíes que habían emigrado con Mahoma a Medina se reunieron allí con los clanes locales conversos. En la reunión de Saqifa nombraron califa a Abu Bakr, uno de los suegros del Profeta y miembro de su misma tribu. Sin embargo, en la cita no participaron ni Alí ni la familia directa de Mahoma, quienes consideraban que se les había usurpado el derecho legítimo a dirigir el islam.
Las tensiones se recrudecieron en el año 644 cuando Omar, el sucesor de Abu Bakr, murió sin designar un heredero pero habiendo nombrado un consejo de notables para su elección. Ese consejo se decantó por Uzmán, del clan omeya, frente a Alí. El nuevo califa se enfrentó al primo de Mahoma y lo relegó a una posición secundaria, lo que agravó su malestar. Sin embargo, Uzmán fue asesinado en el 656 y el consejo nombró califa a Alí para atajar la inestabilidad. El nombramiento de Alí suscitó el rechazo de Muawiya, gobernador omeya de Siria y primo de Uzmán, que acusó al nuevo califa de complicidad con su asesinato.
En Irán, un ayatolá (del árabe "señal de Dios") es un clérigo chií duodecimano de alto rango, experto en jurisprudencia islámica y reconocido como autoridad religiosa. En Irán, el Líder Supremo hasta el 28 de febrero del 2026 fue Alí Jamenei, es un ayatolá que ostentaba el máximo poder político y religioso bajo la doctrina del Velayat-e Faqih (tutela del jurista).
El ex Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, ocupó este puesto desde 1989. El nuevo líder supremo es el hijo de él, Mojtaba Jamenei (el actual poder entre las túnicas), elegido el 9 de marzo del 2026. En Irán, son mayoritariamente chiitas, algunos radicalizados, los islamistas aspiran a reorganizar el gobierno y la sociedad de acuerdo con la ley islámica, o sharia. Los yihadistas consideran que la lucha violenta es necesaria para erradicar los obstáculos que impiden restaurar el gobierno de Dios en la Tierra y defender a la comunidad musulmana, o umma, contra los infieles y los apóstatas.
El yihadismo es una ideología política y religiosa radical y violenta que busca instaurar un estado islámico basado en una interpretación rigorista de la ley islámica (Sharia). Se caracteriza por el uso del terrorismo para imponer su visión, rechazando la democracia y la cultura occidental, y es un subconjunto del salafismo.
Sus objetivos son la creación de un califato, aplicación estricta de la Sharia y el retorno a una supuesta forma pura del islam de las primeras comunidades. Organizaciones como Al-Qaeda y el Estado Islámico (ISIS) son los mayores exponentes de esta corriente.
Su ideología se basa en una interpretación extremista de textos islámicos, legitimando el uso de la violencia como un imperativo divino.
Un régimen terrorista
En 1984, el Departamento de Estado de Estados Unidos designó a la República Islámica de Irán como Estado patrocinador del terrorismo. Cuarenta años después, esa calificación no solo permanece vigente, sino que los informes anuales estadounidenses sobre terrorismo elevan a Irán a la categoría de "elementos más activo patrocinador estatal del terrorismo en el mundo".
Desde el 28 de febrero, cuando Washington lanzó la Operación Furia Épica e Israel comenzó la Operación León Rugiente, las fuerzas estadounidenses e israelíes han llevado a cabo oleadas de ataques dirigidos a nodos de comando iraníes, infraestructuras de misiles y otros objetivos estratégicos.
Hay cuatro indicadores que mostrarán en qué dirección se está llevando a cabo la campaña. Uno es si los ataques se expanden más allá de los activos militares hacia el aparato de aplicación interna del régimen. Otro es si la influencia naval de Irán en y alrededor del Estrecho de Ormuz es neutralizada. Otro es si la inestabilidad interna crece más allá de señales dispersas hacia una presión sostenida. El cuarto es si Washington y Jerusalén comienzan a describir el éxito en términos más estrechos vinculados a la degradación militar a largo plazo. La más contundente a mi entender y que los Estados Unidos a pie no la quieren, es la denominada en inglés "Boots on the ground" -"Botas en la tierra"-, que quiere decir tener tropas en territorio iraní: esa es la que haría la diferencia, pues no se puede ganar y cambiar un régimen solo desde el aire, bombardeando. Para perpetuar este esfuerzo bélico, deben cambiar el régimen desde sus bases en terreno.