Por contaminación de una cuenca hídrica la Justicia dispuso un embargo millonario

El reciente embargo por más de 157.000 millones de pesos dispuesto por la Justicia Federal de La Plata contra el Gobierno de la provincia de Buenos Aires constituye un hecho de enorme relevancia institucional y ambiental. La medida busca forzar el inicio de obras largamente postergadas para el tratamiento y disposición final de los líquidos cloacales en la región que integran La Plata, Berisso y Ensenada, una zona cuya degradación hídrica ha sido documentada durante años por especialistas y organismos técnicos.

La resolución judicial es contundente: el sistema hídrico que incluye el Río Santiago, el arroyo El Gato y el Río de la Plata ha sido convertido en un verdadero sumidero de efluentes cloacales e industriales. La gravedad de esta afirmación no es menor. Se trata de un diagnóstico respaldado por estudios científicos, entre ellos los realizados por la Unidad de Investigación, Desarrollo, Extensión y Transferencia de Gestión Ambiental de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata.

Los peritajes revelaron niveles alarmantes de contaminación, con descargas cloacales masivas que llegan al arroyo El Gato desde distintos puntos del área platense. La presencia elevada de nitrógeno total, asociado principalmente a residuos orgánicos y orina, confirma la magnitud del problema sanitario. A ello se suma otro informe basado en muestras tomadas frente al Club Regatas, que detectó la formación de un corredor costero de aguas contaminadas alimentado por aportes urbanos e industriales provenientes de múltiples distritos, desde la Capital Federal hasta Punta Piedras.

Frente a esta situación, la Justicia dispuso el embargo como una medida de presión para garantizar que se ejecuten las obras de saneamiento necesarias. El proyecto demandaría una inversión estimada en más de 245 millones de dólares y tendría un plazo de ejecución cercano a los tres años. La cifra del embargo, que supera los 110 millones de dólares, refleja la magnitud del daño ambiental acumulado.

Si bien desde la Fiscalía de Estado bonaerense ya se adelantó que la decisión será apelada, el fallo introduce un elemento clave en el debate público: la responsabilidad de los gobiernos frente a la degradación ambiental. El propio pronunciamiento judicial reconoce que las dificultades presupuestarias pueden ser comprensibles, pero no justifican la persistencia de prácticas contaminantes que afectan la salud pública y el equilibrio ecológico.

Además, el problema excede largamente a la actual administración provincial. La omisión estatal para implementar una política ambiental eficaz en esta cuenca se extiende por más de dos décadas, atravesando distintas gestiones y demostrando que la falta de continuidad en las políticas públicas suele ser tan perjudicial como la inacción.

En ese sentido, el embargo podría convertirse en un antecedente relevante para otras regiones del país donde la contaminación de ríos y arroyos sigue siendo una asignatura pendiente. Cuando los ecosistemas se degradan durante años sin respuestas concretas, la intervención judicial termina convirtiéndose en el último recurso para obligar al Estado a cumplir con su responsabilidad ambiental.

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