7 de junio de 2026 - 05:35

Los políticos y el síndrome de la persecución periodística

Por Luis Eduardo Meglioli - Periodista

El reciente episodio por el que se prohibió el ingreso a la prensa a la Casa de Gobierno por decisión del Gobierno nacional, luego de que un programa de televisión emitiera imágenes filmadas con cámaras ocultas en pasillos y zonas internas de la Casa de Gobierno, provocó espanto en los medios de comunicación argentinos y en el público mismo. Se habló de "espionaje ilegal" y violación de protocolos de seguridad interna. Pero esta situación vivida no fue más que un momento extremo en la permanente relación existente entre el presidente de la Nación, Javier Milei, y los periodistas. Naturalmente que no es exclusividad de Milei en la historia de la democracia argentina. Ya vivimos momentos extremos en esta relación bajo los gobiernos de Carlos Menem, Néstor Kirchner, Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner. Y cada experiencia de la prensa en las sucesivas gestiones presidenciales pasará tristemente a la historia y figurará en cuanto libro sobre el gobierno y la libertad de prensa se publique en Argentina y en el resto del mundo, de ahora en más.

El síndrome de la persecución periodística, ese mal de las dictaduras, no se va fácilmente cuando echamos a las dictaduras. El síndrome de la persecución periodística, ese mal de las dictaduras, no se va fácilmente cuando echamos a las dictaduras.

Por cierto, no es exclusividad de Argentina que, por un problema complejo de solucionar, el político elija desviar la atención atacando al periodista o a la prensa en general. Enseguida se esgrime desde el sillón presidencial que los periodistas son "enemigos" o que actúan por mala fe para destruir su imagen. Y más aún, las autoridades suelen convertir un hecho real y comprobable, o una "mala noticia" en una supuesta "campaña sucia" en su contra. Desde siempre, el objetivo del poder ha sido vigilar al mensajero, y las gestiones democráticas de los distintos colores políticos que nos han gobernado, no maduraron lo suficiente sobre la distancia que deben conservar respecto del llamado "cuarto poder". Pero claro, todo hay que decirlo, hay medios o programas en medios determinados que responden a tal o cual color político, y que pierden de hecho la autoridad de esgrimir los derechos del ejercicio de la prensa. Por eso, cuando oímos hablar de periodismo militante hay que saber que si bien es lícito, por definición es propaganda con estructura periodística. Al margen de esto, lo que ha hecho más grave en los últimos años la relación gobierno-prensa ha sido el lenguaje del presidente Javier Milei, que, en el caso de la citada prohibición de la prensa en la Rosada, ha llegado a extremos inaceptables, al calificar a los periodistas de TN que grabaron sin permiso de "basuras repugnantes" y de "dos delincuentes", por la periodista y el camarógrafo de TN. Todo aquel periodista que ha pasado por la carrera de Ciencias de la Comunicación, recordará que en el primer año en una de las asignaturas se escuchó una frase atribuida a al menos dos pensadores del siglo XIX: "Hacer periodismo es decir lo que el poder quiere ocultar". Unos sostienen que fue pronunciada por el escritor, periodista y ensayista británico George Orwell, en 1918, y luego comenzó a mencionarse otra cita similar, pero atribuida al periodista del Chicago Herald, L.E. Edwardson que decía: "Cualquier cosa que un patrón quiera ver publicada es publicidad; cualquier cosa que no quiera ver en el periódico es noticia". Y no debería olvidarse nunca que, por ahí, por el sentido de estas expresiones, es por donde pasa "la esencia misma del periodismo". Hemos leído otras tantas veces que la comunicación como empresa de ideas, no es irse al otro extremo contra el poder, sino publicar aquello que, afectando a los ciudadanos, el gobierno no resuelve o analiza resolver. De mantenerse silencio sobre una cuestión que perjudica a determinada cantidad de ciudadanos, estaríamos avalando aquello de que "el poder quiere propaganda, no quiere periodismo".

En la obra "Dolorosa libertad de Prensa" de Ricardo E. Trotti, se sostiene que "los gobiernos siempre piensan que están actuando bien. Creen que conocen los problemas mejor que la prensa, porque tienen informaciones que los periódicos no tienen. Y entonces ven a la prensa como desestabilizadora". Trotti cita a Stephen Hess, especialista en medios de comunicación de los EEUU, para asegurar que el problema es que los gobiernos "tienen que aprender a vivir con la prensa libre", y eso es muy difícil, ya que ésta siempre molesta. La tentación de echarle la culpa a la prensa siempre está presente. El síndrome de la persecución periodística, ese mal de las dictaduras, no se va fácilmente cuando echamos a las dictaduras. Y, en realidad, una prensa responsable es un bien público, un valor que aumenta indiscutiblemente la calidad de vida de toda sociedad. Al periodista le incumbe la tarea de decodificar y depurar la información de esos intereses legítimos e ilegítimos que siempre le añaden las fuentes, asumiendo la sana responsabilidad de "no merecer" la indulgencia del gobierno de turno. A su vez, al decir de Ricardo E. Trotti en el libro ya citado, "todos los gobiernos" de todas las ideologías de todo el mundo, sin excepción, "siempre han utilizado métodos, (...) algunos más sutiles que otros, contra los periodistas. Censura, confiscación, leyes mordaza, soborno, publicidad oficial favoritista, etcétera". Está claro que la política necesita de la prensa para conseguir que el público acepte sus candidatos y sus propuestas, y a su vez cuando ya son elegidos y ejercen poder, temen la mirada crítica de la gente y buscan controlar al máximo lo que se dice de ellos. Finalmente, vale recordar en la semana del Día del Periodista sobre los altos riesgos de un profesional de la información, que Damián Pachter, el primer periodista en dar a conocer noticias sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman, se fue del país por miedo. Vivió primero en Israel y ahora en Alemania. En un extenso diálogo con Infobae, "el periodista confesó estar tranquilo por haber aportado su humilde granito de arena. Y afirma que está dispuesto a declarar cuando estén dadas las condiciones de seguridad; mientras, recuerda como si fuese hoy aquella fatídica noche, para agregar que "la decisión la tomé cuando entendí (…), que estaba siendo perseguido por los servicios de inteligencia. Y entendí que el próximo paso iba a ser que me bajaran…".

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