ECONOMÍA
ECONOMÍA
Mario Alfredo Luna - Abogado y Expresidente del Concejo Deliberante de Jáchal
Ante cifras del 2025 del Indec que hablan de un aumento del consumo, es preciso vincular ese dato con el siguiente dilema: ¿hay un mayor consumo absoluto o un mayor gasto nominal traducido en un menor consumo real de bienes y servicios?
En efecto, hay un mayor gasto nominal determinado por la inflación, el mayor endeudamiento causado, entre otros factores, por el rezago de los ingresos familiares que significa, en definitiva, una menor capacidad de compra del salario o el ingreso familiar y de empresas.
Un fenómeno agregado al planteado es que el mayor gasto nominal tiende a absorber cada vez más la compra de bienes de productos más económicos. Es decir, las familias, ante la no tracción del ingreso familiar, comprimen sus compras, priorizando marcas económicas y utilizan más financiamiento, lo que significa pagar más por menos cantidad de productos rebajando la calidad de los mismos a la vez.
El problema del consumo desproporcionado por endeudamiento y, sobre todo, a tasas de interés altas, es que a la larga implica provocar más inflación como modo de intentar devolver en pago esas obligaciones o, en su defecto, más mora y quebranto en la economía.
Porque los intereses a reembolsar constituyen obligaciones a pagar adicionales a la moneda real disponible. O sea, es una fuente de emisión de obligaciones de pago nacida del acto del crédito, que excede la real cantidad de moneda existente en el mercado al momento del libramiento del crédito. Ello, porque los intereses son emisión de obligaciones de pago que aumentan el pasivo total de la economía en relación al producto real monetizado de la economía.
Volviendo al tema inicial, entonces, la paradoja sería que, a pesar de comprar menos, el gasto mensual promedio por habitante en supermercados se mantiene elevado.
Otra característica de estas diversas mutaciones del mercado es que en supermercados e hipermercados se vean reducidas las compras y en paralelo, hay un mayor peso de los comercios de cercanía y almacenes. Al mismo tiempo, las compras en grandes superficies está signada por el mayor uso de tarjetas de crédito para compras, lo cual implica un mayor uso de la herramienta del crédito difiriendo el pago en efectivo y distribuyendo en el tiempo futuro inmediato la honra de esos compromisos.
Percibiendo este fenómeno de mercado, la cartera económica nacional a fines de marzo y principios de abril de 2026 ha inducido la baja de la tasa de interés del costo del dinero en préstamos y créditos. Porque advierte que los signos de estanflación pueden restañarse con una baja del costo del endeudamiento para el consumo en bienes básicos. Se persigue con esta media la posibilidad de alentar una reactivación. Es que la estabilización de la cantidad de dinero en la economía jugó en el inicio de esta gestión un papel importante para controlar la inflación, pero, a dos años vista, ello dispara otro efecto inevitable, esto es, la recesión por falta de monetización suficiente de la economía.
Aquí se emplaza en términos conceptuales, un equilibrio tan necesario de lograr como tan difícil de calibrar en tanto que ello signifique contener en una adecuada relación de proporcionalidad satisfactoria, dos variables claves de la economía: una, la suba o recuperación de la producción y el consumo; y la otra, que la mayor cantidad de pesos que hacen falta para solventar dicha recuperación (sea por crédito, inversión directa o salarios), no brinde materia de combustión a una suba de precios con tintes generalizados. O, dicho de otra manera, se pretende que la mayor monetización no impulse la discontinuidad del proceso de desinflación porque inflación siempre hay.