Por Miriam Fonseca - Presidente de Escritores del Sol
Por Miriam Fonseca - Presidente de Escritores del Sol
En distintos puntos de América Latina, tres escritores sostienen una convicción que va más allá del género que cultivan: la literatura es una forma de permanencia. Desde Chile, Perú y Argentina, Alejandro Concha, Bryan Barreto y Marcelo Casiva trabajan con una preocupación común: que la palabra trascienda tiempos y horizontes.
En Chile, Alejandro Concha representa al poeta–gestor. Funda asociaciones, coordina talleres de lectura, organiza encuentros internacionales y preside proyectos editoriales que fortalecen la circulación cultural. Su tarea no se agota en la escritura: construye comunidad literaria, genera redes y sostiene espacios donde la poesía dialoga con nuevas generaciones. Nacido en Lota en 1995. Ha publicado los libros: Estirpe (2017), Los errores de nuestros padres (2022), Color a historia (junto al artista plástico Jorge Torres, 2023) y Salvaguarda (2025).
Desde Lima, Perú, Bryan Barreto combina formación académica y producción literaria con una coherencia poco frecuente. Egresado de Literatura y Lingüística, y también de Historia del Arte, es autor de las novelas La última tarde y La galaxia lleva tu nombre, además de una sostenida producción poética. Su labor como maestro de creación literaria confirma que su compromiso no es únicamente autoral, sino también formativo: entiende la escritura como un ejercicio que se aprende, se pule y se comparte.
Su formación en Historia del Arte se percibe en la construcción visual de sus escenas y en una sensibilidad estética que cuida la atmósfera y el ritmo. Barreto no improvisa: estructura. No declama: construye. La disciplina forma parte de su identidad literaria.
Además, su trabajo por la literatura excede el libro propio. Talleres, espacios de formación, participación en circuitos culturales: para él, escribir implica fortalecer comunidad lectora y escritora. La literatura es un trabajo sostenido, no un gesto aislado.
Así, Barreto encarna una de las líneas más sólidas de la nueva literatura latinoamericana: la del autor que piensa lo que escribe, que escribe lo que siente y que forma a otros para que también escriban.
En Argentina, Marcelo Casiva ha elegido el relato como su territorio expresivo. Autor de Mi superhéroe volvió a sonreír, Protegidos, Casi ácido, casi loco y Mundo maravilloso. Construye textos casi íntegramente metafóricos donde lo cotidiano adquiere profundidad simbólica. Sus historias nacen de escenas simples: la voz de un vendedor ambulante, una charla en la esquina de una biblioteca, un instante mínimo de la vida de pueblo. En esos fragmentos descubre la materia con la que se forma la identidad personal y comunitaria.
Casiva no limita la literatura al libro impreso. Ha presentado sus obras en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, en la Casa de la Cultura de San Martín, en distintos departamentos de la provincia, en escuelas, instituciones y espacios no convencionales como restaurantes, combinando la lectura con la música de artistas locales. Además, utiliza canales digitales —YouTube, blogs, grupos de difusión— para ampliar el alcance de sus relatos.
Tres trayectorias distintas. Tres formaciones diversas. Tres modos de decir. Pero una misma ética: sostener la palabra como herramienta de construcción humana.
En tiempos donde lo inmediato parece imponerse, ellos apuestan por la permanencia. En medio del ruido, eligen narrar. Y en esa elección, Chile, Perú y Argentina se enlazan en un mismo mapa simbólico donde la literatura sigue siendo territorio fértil.
Porque cuando la palabra se asume como responsabilidad y como vocación, no reconoce fronteras. Permanece. Y trasciende.