


Se trata de una personalidad original, expresión acabada del personalismo francés. Jacques Maritain nació en París en 1882, en una familia protestante. Estudió en la Sorbonna, donde obtuvo una licenciatura en Filosofía y otra en Ciencias Naturales. Durante sus años jóvenes, demostró simpatía por el socialismo humanitario. En una manifestación en favor de estudiantes socialistas rusos perseguidos por el zar conoció a Raissa Oumansoff. Una judía rusa que sería luego su esposa toda la vida. La amistad con Cherles Péguy y León Bloy, los acercó al cristianismo. Ambos fueron bautizados en la Iglesia Católica en 1906. Maritain leyó los textos de Santo Tomás de Aquino y eso fue una revelación. Permaneció fiel a él durante toda su vida.
En 1936 publicó su obra más conocida, Humanismo integral, que desató violentas polémicas y fue traducido a varias lenguas. Fue su primera gran obra de filosofía política. Allí propuso por primera vez de forma sistemática su visión del personalismo comunitario, a partir del trinomio individuo-persona-bien común. En 1940 la policía nazi fue a buscarlo a su casa, pero el matrimonio se encontraba en Toronto, en el Instituto de Estudios Medievales fundado por Gilson. Se radicaron en EEUU, cosa que influiría en su mirada sobre la política. Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, De Gaulle le propuso ser Embajador de Francia ante la Santa Sede, tarea que desempeñó tres años.
Intelectualmente era seguidor de Santo Tomás de Aquino. Pero fue capaz de presentar la obra del Aquinate con vigor renovado, abierto y creativo. Imitó a su maestro, que integrando el saber de su época, fue consciente que no bastaba para el siglo XX, reproponer a Santo Tomás. Si el Tomismo quería estar a la altura de los tiempos, debía integrar en su interior los aportes válidos de las ciencias y de la filosofía. Si así no fuese, fracasaría, pues se limitaría a ser enseñanza del pasado.
Sus aportes fueron significativos en la antropología y en la ética. Le concedió importancia a la experiencia como punto de partida de la moral, intentó integrar los valores en el clásico sistema de fines, remarcó el carácter único y singular de cada decisión ética, el carácter original de cada persona humana, etc.
En la filosofía política también el autor del "El Campesino del Garona", tuvo su rico aporte. Se adelantó al Concilio Vaticano II -del cual era muy partidario y sugirió inquietudes- en lo que toca a la lícita autonomía del orden político-social (Gaudium et Spes 36). Esto conllevaba paulatinamente a una mayor separación de Iglesia y Estado, sin perder de vista la mutua cooperación entre ambos para muchos órdenes de la vida como la educación, la ayuda y promoción social, la salud, etc. Después de la II Guerra Mundial, había que tomar conciencia de que el nivel del cristianismo en una sociedad dependía más de la actitud y la calidad personal de los cristianos y no tanto de una estructura institucional por importante que sea. Además Maritain reclamaba una solución humanista y no discriminatoria respecto a la pluralidad que se vivía no sólo en Francia sino en el mundo entero. Claro, el filósofo invitaba a un discernimiento, para no caer en la ingenuidad de aceptar nuevas ideas y tendencias culturales de modo acrítico. El precio que se había pagado por alcanzar ciertos ideales había sido caro. La modernidad había fraguado un humanismo exclusivamente antropocéntrico. Maritain proponía algo integral: completar lo alcanzado sin excluir lo trascendente. Algo semejante a lo que décadas después, el papa Francisco propone en Fratellitutti: vivir los valores de la fraternidad universal y la amistad social, capaces de suyo de no excluir a nadie. Tampoco al Creador.
Por Pbro. Dr. José Juan García
Vicerrector UCCuyo