Sin ética cada cual aplicaría el “sálvese quien pueda”.
La certidumbre en las relaciones humanas se vería seriamente afectada.

 

¿Se puede vivir sin ética? Definitivamente, no. Afectaría todas las decisiones y actividades humanas. Desde la ética personal, hasta la ética empresarial, el ejercicio profesional, el mundo de la política, de la ciencia, del deporte, etc. Todo atravesado por valores éticos que van marcando el camino más seguro para llegar al bien, la virtud y la felicidad. Sin valores morales de referencia, la vida suele convertirse en un atajo hacia la ley de la selva. Es más corto, es cierto, pero no termina bien. Sobran las experiencias al respecto.

La ética como ciencia

La Ética es una rama de la filosofía práctica que estudia la moralidad de la conducta humana, conforme a criterios de bien y valor. En ese sentido se dice que la Ética es una gran orientadora de conductas, al indicarnos por dónde deberíamos transitar nuestro diario caminar. Claro que la acomodación no es automática, siempre debe quedar margen para la libertad. Sin libertad no hay responsabilidad moral posible. La ética aporta, en ese sentido, criterios para el discernimiento moral. Hasta aquí algunos conceptos de la ética como ciencia. Sin embargo, hay otra dimensión de la ética más vivencial y personal: la ética como refugio de la conciencia.

Ética y conciencia, de la advertencia al reproche

Todos tomamos decisiones éticas conforme a nuestro propio esquema moral. Esquema que vamos cimentando cada vez que tomamos una decisión. Al hacerlo, explicitamos nuestro organismo moral, conformado por nuestra experiencia moral, los principios y los valores éticos. Todo esto se refleja en la conciencia. Que no es otra cosa que el juicio práctico que emite la inteligencia sobre la bondad o malicia del acto que vamos a hacer. En ese sentido, en un primer momento, la conciencia previene, actúa antes. Cada cual tomará después sus propias decisiones libres y razonadas. Pero de lo que no podrá escapar, es del reproche moral si decidimos a espaldas de su juicio prudencial. Por el contrario, sí tomamos decisiones conforme a las valoraciones de la conciencia moral, la ética da seguridad.

Ahora bien, sí la ética pretende cumplir su función orientadora de conductas, necesariamente debe ser universal y objetiva. Universal en cuanto incluye a todos sin ninguna excepción. También debe ser objetiva, porque existe independientemente de que se la conozca o acepte. Sí, por el contrario, la ética y los valores morales dependiera de las experiencias y creencias de cada cual, y no incluyera a todos, la ética dejaría de ser ese refugio para la conciencia. Cada cual aplicaría el "sálvese quien pueda". La certidumbre en las relaciones humanas se vería seriamente afectada.

La ética se aprende en casa

La ética no se enseña con tiza y pizarrón. Se refuerza en las aulas, pero comienza en casa con el ejemplo. Hay una anécdota atribuida a Raúl Cadena Cepeda que da cuenta de ello: "Frente a la taquilla de un cine, está un mensaje que dice: "Niños menores de 5 años no pagan boleto". Una madre en compañía de su hijo, de 5 años de edad, solicita dos boletos a la taquillera. Esta le responde: -¿Qué edad tiene el niño? La madre responde: -Cinco años. -Parece menor. Si usted me hubiese dicho que tiene cuatro, yo no me habría dado cuenta y usted sólo pagaría un boleto. -Usted no se habría dado cuenta, pero él, sí."

 

Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora 
Instituto de Bioética de la UCCuyo