Qué difícil será explicar cierto reparo sobre el costo del teatro del Bicentenario sin ser acusado de insensible hacia la cultura. Especialmente si uno disfruta tanto de Puccini como de un caño de Messi. Pero allá vamos.
Fue anunciado el lunes el definitivo llamado a licitación para la aspirante a sala lírica más importante del país después del Colón, ubicada en el ex predio ferroviario de la estación San Martín. Más vale que lo sea, así se lo impone la cifra a desembolsar: 280 millones de pesos como punto de partida, para una obra de dimensiones monstruosas y de amortización dificultosa.
Es justo ese -amortización- un término difícil de relacionar con la actividad cultural. ¿Cuándo podrá decirse que una inversión en el terreno de las artes queda "amortizado"?, ¿en cuánto tasar una ópera para contraponerla al número seco de una construcción?, ¿cuánto cuesta una piel erizada por la caricias de un tenor?
Pero a pesar de esa dificultad, quedó la sensación esta semana de que el emprendimiento tiene más sentido en no retroceder con las promesas alguna vez pronunciadas por Néstor Kirchner que a una profunda reflexión sobre costos y necesidades.
280 millones es mucho dinero. Muchísimo. Y habrá que ver si además de la obligación de la provincia de aportar la mitad de esa cifra -140 millones-, está también dispuesta a realizar las actividades complementarias que demandará el flamante teatro cuando esté inaugurado, sin las cuales la sala lírica no será otra cosa que un teatro más. Lindo, imponente, pero uno más.
Se recuerda sin demasiada necesidad de memoriosos el blooper de la Ópera San Juan, un emprendimiento que nació con el envión del entusiasmo que generan las cosas novedosas pero que se fue apagando con la pulseada entre los Elizondo. El secretario de Cultura -ahora ministro- Dante Elizondo y el tenor sanjuanino Ricardo Elizondo -que dirigió la ópera- terminaron de los pelos y con varias funciones a media asta, con la convocatoria internacional de artistas, lanzada y sin fondos disponibles.
La Ópera San Juan tuvo un epílogo lamentable y previsible: varias funciones en el teatro Sarmiento y un desenlace con todos peleados entre todos. Que la orquesta, que los fondos. Y aquí es donde se impone preguntarse: ¿tiene sentido un teatro lírico en San Juan sin una compañía de ópera en San Juan?
Si la respuesta es no, el teatro nuevo será entonces para compensar el déficit de salas de espectáculos en la provincia, que es evidente. Y el gasto de $280 millones por una sala fuera de serie como la proyectada se parecerá mucho a un fenomenal despilfarro. Para traer a los Midachi, un muy buen teatro nuevo y cómodo se puede construir por un costo de $50 millones.
Tal vez aclare aún más el panorama el relato de la parábola que tuvo la obra hasta recalar en su estado actual de licitación abierta. El Teatro del Bicentenario sanjuanino completó la fórmula de aquel anuncio presidencial del estadio nuevo, cuando Néstor Kirchner dirigía el país y llegó a inaugurar la primera etapa del Centro Cívico. ¿Habrá llegado a enterarse el ex presidente que el teatro costaría más caro que el final de obra del gigante dormido que fue emblema de corrupción provincial y que la Nación y la provincia terminaron de construir?
Fue el ya mítico mangazo en el helicóptero, cuando el gobernador Gioja aprovechó unos minutos a solas con Néstor y Cristina arriba de la nave y les contó de las necesidades de un estadio porque San Martín había ascendido a Primera y Sportivo estaba a punto caramelo de llegar a la B Nacional, aquella vez que los manejos de la AFA lo dejaron afuera en los escritorios.
Nacieron así los hermanos para los títulos periodísticos: estadio y teatro, en voz de promesa presidencial. Y este mes, ambos tuvieron sus fechas clave: mientras el gigante de Pocito recibió el corte de cintas de manos de De Vido y la presencia de un seleccionado C ante Venezuela, el teatro abrió sobres de oferentes y se encontró con tres grupos de constructoras interesadas. Ritmos distintos.
Claro que resulta inevitable poner a uno frente al otro. El estadio que encandiló a los medios de todo el país por lo funcional y moderno y que el día de la inauguración soportó la irresponsabilidad de los organizadores de hacer entrar a 15.000 personas más de lo que soporta -tiene capacidad para 25.000 asistentes sentados y había 40.000-, fue licitado a un costo de 76.000.000 pesos, casi un cuarto de los 280.000.000 del teatro. El Ministerio de Obras informó que el costo final de la obra fue de 100.000.000. Y nadie dijo lo que vaya a saber que costará el teatro, con capacidad para 1.200 personas. Una relación de 4 a 1, ¿hay relación?
Habrá que reflexionar, entonces: ¿para qué sirven un estadio y un teatro construidos con fondos públicos?
Si tienen un común denominador es el de ofrecer infraestructura para que las grandes citas no se frustren por falta de lugar. Mendoza dispone de un escenario heredado del Mundial "78 que durante décadas ha sido la divisoria de aguas que hizo que esa provincia recibiera espectáculos deportivos y artísticos que no podían ir a otro lado.
Ya no ocurrirá lo mismo. Con el estadio de Pocito, San Juan podrá recibir desde cualquier equipo grande de fútbol -en temporada de verano o por los puntos-, hasta a Los Pumas -que está en gestión- o grandes al estilo Shakira. Todos estos, eventos capaces de darle a San Juan trascendencia a nivel nacional e internacional, difusión a la provincia y de atraer turistas del exterior, como lo hará la inminente Copa América.
Pensemos: ¿qué grandes eventos a realizarse en el futuro teatro lírico de San Juan podrán explicar los mismos efectos -difusión de la provincia en el país y el mundo, atracción de turistas- y justificar un inversión equivalente a cuatro estadios de Pocito?, ¿Plácido Domingo, sin ser desairado?
No se trata este asunto de la queja berreta de cuestionar el gasto en cultura o en recreación al calor de la demagogia, al estilo: para qué gastar en fiestas si falta gasa en los hospitales. Primero, porque ya no falta gasa en los hospitales y la inversión en salud -lejos de la ideal- ha crecido mucho. Segundo, porque el Estado debe cumplir varias funciones a la vez, no solamente los primordiales como la salud, la educación o la seguridad. Y los réditos de la promoción y el turismo no son pocos: habrá que preguntarle a hoteleros o comerciantes.
Hecha esta salvedad, aparece el desafío de tener en cuenta una escala. Que no es otra cosa que encontrar la medida adecuada:
– Justo enfrente del futuro teatro florece una de las escuelas más esperadas de la provincia porque migró sin pena ni gloria por falta de edificio, la EPET Nº 5. Su costo: $8,2 millones. Las 4 escuelas inauguradas en el inicio del ciclo lectivo (Luis Agote, Cacique Angaco, Las Hornillas y Gobernador Camus) costaron en conjunto $ 16,8 millones.
– Del otro lado, el Centro Cívico, monumento a la impotencia y obra emblema: $157 millones de pesos.
– El nuevo Hospital Rawson, verdadera perla sanitaria, costó un crédito inicial de 15,6 millones de euros ($80 millones).
– En viviendas, tal vez la política social más exitosa de esta gestión provincial, $280 millones equivalen al costo de 1.800 unidades.
Es la obra pública el ombligo de la administración y está bien: es señal de crecimiento y de actividad económica. Pero el combustible no debe ser el de terminar lo que anunció Néstor como único horizonte.
Dicho esto, ¡que viva Giuseppe Verdi!
