Cuba y Nicaragua están en una encrucijada actualmente por las imposiciones de Estados Unidos. En una red social, el presidente Donald Trump compartió el domingo: “¿Marcos Rubio Presidente de Cuba?”, escribiendo “¡Me parece bien!”.

Trump afirmó que Estados Unidos “gobernaría” Venezuela y explotaría sus vastas reservas de petróleo para venderlas a otros países. Rubio lideró la gestión de los medios al día siguiente de la redada, apareciendo en todos los programas dominicales para abordar las preocupaciones sobre la redada y el rumbo que tomará Estados Unidos al afrontar las complejas consecuencias del cambio de régimen.

Pero el presidente ahora ha centrado su atención en otros países de la región que considera problemáticos, como Cuba y Nicaragua, de la que Trump ha advertido que podrían sufrir tras la salida de Maduro, ya que sus economías han estado profundamente vinculadas al petróleo venezolano subsidiado.

En Cuba hace 66 años está la guerra fría con EE.UU. Después de la caída de la Unión Soviética a finales de 1991, la economía del país sufrió una crisis, dejándola esencialmente paralizada porque las estrechas bases económicas de esta nación se concentraban en unos pocos productos con pocos compradores. La pérdida de casi 5000 millones de dólares que el gobierno de la URSS proveía a Cuba como ayuda, en forma de exportaciones garantizadas para el mercado cubano del azúcar y la obtención de petróleo barato, generó un impacto severo para la economía cubana.

Se declaró un periodo especial, que incluía recortes en el transporte y la electricidad, e incluso racionamiento de comida. En respuesta a estos acontecimientos, Estados Unidos endureció el embargo económico, comercial y financiero, esperando que esto llevara a la caída del estado socialista. No obstante, el gobierno abrió el país al turismo internacional, realizando tratos con compañías extranjeras de proyectos turísticos, industriales y agrícolas. Como resultado, el uso del dólar estadounidense se legalizó en 1993, abriéndose tiendas especiales que vendían exclusivamente en dólares. Había entonces dos economías separadas: la economía del dólar y la economía del peso. Extremos periodos de escasez de comida y otros bienes, así como frecuentes apagones eléctricos, dieron origen a un amplio malestar entre la población cubana, incluyendo numerosas protestas por la pésima situación económica (siendo la más notoria de ellas el “Maleconazo”, ocurrido el 5 de agosto de 1994) y un incremento en el crimen y la corrupción.

A partir de la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, se establece una alianza estratégica entre los dos países en los sectores económico y político, que más tarde desencadenaría el nacimiento del ALBA, organismo que ha causado un mayor despegue de la economía nacional gracias al suministro constante de crudo por parte del gobierno venezolano, lo que ha posibilitado el ligero mejoramiento de la situación económica del país. Más tarde, Cuba también encontró nuevos aliados en el presidente Chávez y posteriormente en Maduro, y el presidente Evo Morales de Bolivia, naciones importantes en la exportación de petróleo y gas.

Sobre Nicaragua, cumplen 19 años de Daniel Ortega en el poder. En menos de dos décadas, un presidente electo transformó al país centroamericano en una dinastía familiar: eliminó elecciones reales, persiguió a la disidencia y gobernó mediante el terror institucionalizado. Los primeros diez años, Ortega gobernó en una extraña alianza con el gran capital, que le permitió consolidar la dictadura a través del control y la sumisión de todos los poderes del Estado, el Ejército y la Policía. Ortega les dio poder aparente a los empresarios en el manejo económico del país, con la condición de que se le dejara hacer lo que quería en el campo político. El dinero petrolero que le llegaba desde Venezuela para su libre uso le permitió crear una base clientelar que no opuso resistencia cuando les quitaron sus libertades.

A contrapelo de la Constitución Política vigente, Ortega estableció la reelección presidencial, y anuló las elecciones, que desde 2008 comenzaron a ser un ejercicio inútil donde el grupo de poder de Ortega decidía quién participaba, quién ganaba y quién perdía. Por supuesto, siempre ganó Ortega. Así, ha llegado a reelegirse tres veces, cada vez con un número más alto de votos que él mismo ha decidido.

Se identifica tres momentos decisivos. El primero es el fraude electoral de 2008, que permitió al Frente Sandinista controlar el territorio y desplegar su maquinaria de vigilancia. El segundo fue la sentencia de la Corte Suprema que habilitó la reelección presidencial en 2011. “Ahí hay responsables claros en la Corte Suprema de Justicia”, subraya. El tercero, la reforma constitucional de 2014 que permitió la reelección indefinida y sentó las bases de la perpetuación en el poder. Con Daniel Ortega cercano a los 80 años y prácticamente ausente de la vida pública, el ascenso de Rosario Murillo es total. La figura de la “copresidenta”, introducida en la Constitución de 2025, formalizó un poder que ya ejercía de facto. Ortega aparece cada vez menos, mientras Murillo controla el discurso, la administración y la represión.

En el plano internacional, los acontecimientos en Venezuela han introducido un nuevo elemento de incertidumbre. La transición que parece iniciarse en Venezuela va a tener un efecto inevitable en Cuba y Nicaragua. Venezuela fue el principal aliado político y económico de estos regímenes. Cuba precisa alrededor de 110.000 barriles para sus necesidades energéticas básicas, de los que unos 40.000 provienen de la producción nacional. Según la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de Cuba, del total que precisa el país, el 65 % es para alimentar a las termoeléctricas.

Expertos independientes señalan que la crisis energética en Cuba responde a una infrafinanciación crónica del sector, completamente en manos del Estado desde el triunfo de la revolución en 1959. Varios estudios independientes estiman que serían precisos entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar el sistema. El problema es estructural y no hay salida posible a corto o medio plazo, agregan.

Los prolongados apagones diarios lastran la economía, que se ha contraído un 11% en los pasados cinco años. Círculo cercano de Trump señaló: “El cáncer marxista en estos países subyugó al pueblo y su doctrina comunista por décadas… ya no más”. La doctrina Monroe más vigente que nunca en este hemisferio.