Por Jorge Reinoso Rivera – Periodista e Historiador

En 1866, el caudillo federal Felipe Varela lanzó la Revolución de los Colorados contra el gobierno centralista de Bartolomé Mitre, levantándose en armas desde el interior del país, criticando la Guerra del Paraguay, la Constitución de 1853 mutilada y la imposición de autoridades, en una última gran resistencia federal. Frente a tanta injusticia e hipocresía surgió el grito del caudillo catamarqueño, que lanzó una proclama reseñando las causas de la guerra y llamando a la rebelión para no participar en una guerra fratricida.

Felipe Varela era un hombre físicamente alto, de mirada penetrante, se imponía su prestancia y digno discípulo del Chacho Peñaloza. Este catamarqueño había nacido en Valle Viejo y se arraigó en Guandacol (al oeste de La Rioja), donde era afincado, con importantes propiedades y ostentaba el rango de coronel de la nación.

Había intervenido con el Chacho, como su segundo al mando, en las sublevaciones de 1862 y 1863 para ser luego edecán de Urquiza, quien lo tuvo a su lado durante el desbande de Basualdo y Toledo. Viendo la impopularidad de la guerra del Paraguay, pasó a Chile, donde presenció el bombardeo de Valparaíso por la escuadra española de Méndez Núñez y supo la negativa de Mitre al pedido de apoyo por parte de Chile y Perú, hecho por el cual se volvió anti-mitrista porque consideraba que Mitre era anti-americanista. Al conocer los términos del tratado secreto de la “Triple Alianza”, no le pensó dos veces: dio órdenes de vender sus propiedades y con el producto compró unos pocos fusiles Einfield y dos cañoncitos de desecho militar chileno. Los llamó “los bocones”. No le alcanzó para más. Para incentivar a sus hombres contrató una banda de músicos chilenos. Luego de un enfrentamiento en “Nacimiento”, llega a Jáchal con 200 hombres en diciembre de 1866. Fue recibido con entusiasmo, y repartió su proclama americanista. En febrero eran 4.000 los hombres que lo seguían. El levantamiento se inició con una proclama de Varela el 6 de diciembre de 1866 dando a conocer su proclama, dando un profundo sentido nacional y americano a la lucha montonera que han reiniciado Aurelio Zalazar en Catuma y los “colorados” en Cuyo.

“¡Compatriotas, a las armas!” es la invitación de Felipe Varela. Más, a diferencia del Chacho, su “Proclama” enuncia un programa concreto y revolucionario. No se trata sólo de una lucha romántica contra el tirano de Buenos Aires y sus mandantes europeos. Dirá Varela: “¡Soldados Federales! Nuestro programa es la práctica estricta de la constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas Americanas”. Y no vacilará en enjuiciar con severos y definitivos trazos la política mitrista: “Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en más de cien millones fuertes, y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro caprichote aquél mismo porteño que, después de la derrota de Cepeda, lagrimando juró respetarla”…, “Compatriotas, desde que aquel usurpó el Gobierno de la Nación (por Mitre), el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño, es ser ciudadano exclusivito; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del Gobierno de Mitre. Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a las provincias que mucho de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio: Sarmiento, Sandes, Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios dignos de Mitre”. (“¡Viva los pueblos libres!” Manifiesto de Felipe Varela impreso en Potosí, enero de 1868. Biblioteca Nacional. Buenos Aires)”.

La batalla decisiva tendrá lugar en las afueras de la ciudad de La Rioja, en el paraje conocido como “Pozo de Vargas”. Con apenas dos centenares de montoneros que han logrado escapar del Pozo de Vargas, Felipe Varela emprende el regreso a su campamento de Jáchal.

La Batalla de Pozo de Vargas fue un crucial enfrentamiento de las guerras civiles argentinas, librado el 10 de abril de 1867 cerca de La Rioja, donde las tropas nacionales de Antonino Taboada derrotaron decisivamente a las fuerzas federales del caudillo Felipe Varela, marcando el fin de la última gran rebelión federal contra el gobierno de Bartolomé Mitre y dando origen a la famosa “Zamba de Vargas”.