El histórico ritual del asado en San Juan atraviesa uno de sus momentos más críticos. El constante incremento en los precios de los cortes vacunos ha forzado a las familias locales a una reconfiguración drástica de su dieta diaria. Un reciente sondeo realizado por Diario de Cuyo, que contó con la participación de 16.437 lectores, pone en cifras una realidad que se siente en los mostradores: la carne de vaca ha dejado de ser la opción prioritaria para la mayoría de los sanjuaninos.
Según los resultados obtenidos en el relevamiento, el pollo se consolida como el principal aliado de la economía hogareña al acaparar el 31% de los votos, lo que representa a 5.095 participantes. Le sigue de cerca la carne de cerdo con un 26% de las preferencias, equivalente a 4.266 adhesiones. Estos números confirman que el porcino ha dejado de ser un consumo ocasional para integrarse a la mesa cotidiana gracias a su competitividad en precio frente a cortes tradicionales como la blanda o la molida.
El fenómeno de sustitución también se extiende a otras proteínas que ganan terreno ante la imposibilidad de sostener el consumo vacuno. El pescado fue elegido por el 15.3% de los encuestados, mientras que el conejo sorprendió con un 14.3% de las respuestas. Por su parte, el chivo y el cordero cerraron la lista con un 13.4%, demostrando una diversificación forzada por la pérdida del poder adquisitivo. Hoy, la brecha de precios permite que por el valor de un kilo de asado se puedan adquirir hasta tres o cuatro kilos de pollo en las ferias locales.
Esta crisis en el consumo tiene antecedentes profundos en la provincia. Durante el último año, la carne en San Juan registró subas acumuladas que superaron ampliamente la inflación general, impulsadas por el encarecimiento de la logística y los fletes desde la Pampa Húmeda, además de la presión de los precios internacionales.
Los carniceros locales advierten que la dinámica de venta cambió de manera irreversible: el cliente ya no solicita cortes por peso, sino que pide lo que le alcanza según el dinero disponible en el momento.
El cambio de hábito reflejado en este sondeo marca un hito en la cultura alimentaria local, donde la necesidad de subsistencia empieza a ganarle la pulseada a la tradición carnívora.