La lavanda es una de las plantas aromáticas más apreciadas en los jardines por su perfume inconfundible, sus flores violetas y su capacidad para atrapar mariposas y abejas polinizadoras. Sin embargo, con el paso de los años, es común que la planta se vuelva "leñosa": el centro se seca, los tallos inferiores se transforman en madera dura sin hojas y las flores crecen solo en las puntas lejanas. La poda anual de formación es el secreto para mantenerla tupida.
La regla de oro: nunca cortar la madera vieja
La lavanda es un subarbusto leñoso. A diferencia de otras plantas, los tallos leñosos viejos y marrones no vuelven a brotar si se cortan. Si podás demasiado abajo tocando la madera dura, podés matar esa rama o la planta entera. La poda debe realizarse siempre sobre la zona de brotes verdes jóvenes.
Cuándo y cómo podar tu planta de lavanda
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Momento ideal: realizá la poda principal a finales del verano o principios del otoño, justo cuando las flores comienzan a secarse.
Corte en domo: usá una tijera de podar bien afilada y dale a la planta una forma redondeada de domo o media esfera.
La medida del corte: recortá aproximadamente un tercio del follaje verde, cortando justo por encima de los primeros brotes nuevos de la temporada.
Aprovechar las flores: no tires las espigas florales cortadas; atalas en ramilletes y colgalas boca abajo para perfumar el placard o la casa.
Esta poda de mantenimiento rejuvenece el arbusto, evita que se abra por el centro con el peso de la lluvia y garantiza una floración masiva la temporada siguiente.