Charly García cumple 75 años. Representa el ADN de nuestra música popular. Una figura que traspasó los límites del rock, llegando a la sensibilidad del público en general.
Una verdadera estrella del rock. Un artista que le dio vida a grandes bandas y compuso temas que son parte de la gente.
Charly García cumple 75 años. Representa el ADN de nuestra música popular. Una figura que traspasó los límites del rock, llegando a la sensibilidad del público en general.
Todo comenzó cuando Carlos Alberto García Moreno pisó con cinco años un conservatorio para tomar sus primeras lecciones de piano. Entre obras de Bach, Mozart o Chopin, el pequeño Charly sorprendió al mostrar sus composiciones.
Su oído absoluto se encargó de reconocer todos aquellos sonidos que para la gran mayoría estaban ocultos. Toda esa formación clásica se detuvo cuando descubrió el rock, y en especial a los Beatles. “La civilización terminó el día que publicaron ”I Want To Hold Your Hand”, contó en una entrevista.
Dos recitales en una misma noche. El 5 de septiembre de 1975, Charly y Nito Mestre le pusieron punto final al famoso dúo. Un acontecimiento generacional que convirtió canciones como “Canción para mi muerte” y “Rasguña las piedras” en himnos. Marcó un hito en el rock argentino por la convocatoria récord de 25.600 espectadores.
“El motivo es muy simple. Creo que Sui Generis tenía que terminar en algún momento y pienso que este es el mejor momento para hacerlo. Es el cansancio de hacer siempre lo mismo y tomar conciencia de que esto dio hasta donde podía dar”, definió Charly en una entrevista con la revista Pelo, semanas antes de la presentación del grupo en el Luna Park.
Sui Generis nació en el colegio Dámaso Centeno. García deslumbraba a sus compañeros durante las clases de música. El dato sobre su gran oído llegó a otro alumno, Mestre, que lo buscó.
La propuesta del grupo marcó a los chicos de los ’70 con sus letras cargadas de inocencia y la cadencia del folk. La imagen de esos dos flacos de pelo largo quedó inmortalizada en la tapa de Vida (1972), su disco debut. Sus primeros temas, “Canción para mi muerte”, “Necesito”, “Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris”, “Cuando comenzamos a nacer” y “Quizás porque”, retrataban lo absurdo del mundo y el público se identificaba.
“En este LP hicimos lo que nosotros queríamos. Hay folk rock y rock acústico. La temática del disco es muy concreta; no existe surrealismo alguno. Hay temas de amor, de historias de la ciudad. En lo musical, el que nos escucha notará una semejanza en la melodía y en los arreglos con Elton John. Creo que eso es lo que quería lograr sin perder nuestra esencia”, reconoció Charly García en una entrevista a los días de su salida. Luego llegarían Confesiones de invierno (1973) el simple Alto en la torre (1974) y Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974).
El “Adiós Sui Generis” fue un gran concierto y quedó registrado en un film que trascendió en el tiempo. El director Bebe Kamin fue el encargado de inmortalizar ese momento tan glorioso para nuestra música. Cuatro cámaras filmaron varias partes del concierto, además de entrevistas al público. Posteriormente, se grabaron clips con la música del mismo concierto, como es el caso de “Mr. Jones” y “Nena”.
“Cuando entré al Luna Park, había un eco enorme y no estaba preparado para los shows. Y dije: ‘Qué complicado que va a ser todo esto’. La respuesta del público, ya se ve en la película, fue maravillosa. Teníamos que terminar rápido la primera función para salir a la segunda. Después me fui a comer pizza a un local en Cabildo, casi General Paz. Quería estar solo”, contó Nito sobre los shows de Sui Generis en el Luna Park.
Después del final de Sui Generis, el músico buscó un nuevo rumbo sonoro, alejándose del formato acústico para llegar a composiciones complejas, teclados y arreglos progresivos. Con dos discos, demostró un nuevo capítulo de su importante trayectoria con La máquina de hacer pájaros.
“Surgió por una especie de necesidad mía de querer tener un grupo para tocar en vivo porque tenía un montón de canciones compuestas. Desgraciadamente, en este país no hay demasiados buenos músicos profesionales como para que exista la posibilidad de trabajar con ellos; es necesario armar un grupo o recurrir a gente amiga para poder hacerlo”, sostuvo Charly García sobre el origen de la banda a la revista Pelo, en 1977.
La banda estaba formada por experimentados músicos como el exintegrante de Pescado Rabioso, Carlos Cutaia (teclados), Óscar Moro, que venía de tocar en Los Gatos (batería) y el ex-Crucis José Luis Fernández, además del guitarrista Gustavo Bazterrica, que ya era una revelación y que años después formaría parte de Los Abuelos de la Nada.
“La primera propuesta de La Máquina fue de hacer una música arreglada y que sonara igual en los discos que en vivo, cosa que en Sui Generis no se daba; tenía un sonido determinado en discos y otro en vivo”, explicó Charly por aquellos años. “Se trata de elevar el alma a una música que sea linda, pero no muy intelectual, una música popular”, agregó.
En el primer disco homónimo participaron Nito Mestre, María Rosa Yorio, Héctor Dengis y Ana Quatraro. “Cómo mata el viento norte”, “Rock”, “Por probar el vino y el agua salada”, “Bubulina” y “Boletos, pases y abonos”, entre otras, son algunas de las piezas de un disco que es un clásico de nuestro rock.
Juan Oreste Gatti fue el responsable del arte de los discos que lanzó el grupo. Para el debut, tuvo una foto de Uberto Sagramoso (luego trabajaría en el disco Clics modernos de 1983) y un dibujo del humorista Crist, autor de una popular tira cómica que se publicaba en la revista cordobesa Hortensia, llamada justamente “García y La Máquina de Hacer Pájaros”. El segundo trabajo del grupo, Películas, salió en agosto de 1977, con temas como “Hipercandombe”.
Un espíritu inquieto y cargado de curiosidad. Charly decidió terminar con el proyecto –eran tiempos oscuros en el país, en plena dictadura– y viajó a Buzios, Brasil, para escribir un nuevo capítulo de su historia: Serú Girán.
García se juntó con David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro para darle vida a canciones que se convirtieron en eternas. Melodías fantásticas, letras que describieron una época del país, y una buena dosis de rock en manos de cuatro artistas talentosos.
El grupo combinó sofisticación musical, poesía y crítica social en plena dictadura. Serú Girán (1978), La grasa de las capitales (1979), Bicicleta (1980) y Peperina (1981) fueron los discos de estudio de la banda. Para el público fue difícil procesar la salida de la poética de Sui Generis para entrar y engancharse con el “trip” simbólico que planteó la nueva banda.
Una Argentina que ya había empezado a soportar el peso de la dictadura de Videla. “Lo que sabemos es que tenemos que cortarla un poco con lo que nosotros sentimos y empezar a relacionarnos con la gente un poco más”, le contó el músico a la revista Periscopio en 1978. La situación cambió y la crítica especializada y el público aprobaron la idea y se transformaron en “los Beatles argentinos”.
“Seminare”, “Eiti-Leda”, “Alicia en el País”, “Peperina”, “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina” sirvieron para poner un poco de luz en una etapa tremenda de la historia del país. Charly buscó dar con un mensaje que desafió a la censura de la época.
En 1982, en plena Guerra de Malvinas, Seru Giran anunció su final. Pedro Aznar decidió viajar a los Estados Unidos para estudiar a la escuela de música de Berklee. El genio de bigote bicolor arrancó con su carrera como solista. La primera experiencia fue la música para la película “Pubis Angelical”, del director Raúl de la Torre, basada en la novela homónima de Manuel Puig.
El 26 de diciembre de 1982, el artista presentó su disco Yendo de la cama al living, en Ferro. “No Bombardeen Buenos Aires”, uno de los tracks, quedó en la memoria. Un trabajo que salió poco después de la Guerra de Malvinas.
“Superhéroes”, “Yo no quiero volverme tan loco”, “Inconsciente Colectivo”, “No bombardeen Buenos Aires”, “Peluca telefónica” (con la participación de Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar) y la que le da nombre al disco son algunos de los éxitos de la placa.
Al día siguiente de la Navidad de 1982, el artista lo presentó en el estadio de Ferro. Suéter y Los Abuelos de la Nada fueron la banda telonera y García estuvo acompañado por una gran banda formada por Andrés Calamaro (teclados), Willy Iturri (batería), Cachorro López (bajo) y Gustavo Bazterrica (guitarra), excepto el baterista, los demás eran componentes de Los Abuelos de la Nada. Como invitados salieron a escena Mercedes Sosa, Nito Mestre y Pedro Aznar.
La escenografía fue importante para el show. En el tema “No bombardeen Buenos Aires” una lluvia de proyectiles de utilería destruyó la ciudad que formaba el decorado creado por Renata Schussheim.
“Quiero un poco de energía”, expresó Charly García en una entrevista con la revista Pelo. De esta manera, el músico anunciaba su viaje a Nueva York en búsqueda de nuevas experiencias para componer su segundo trabajo discográfico como solista.
“Ya tengo mis grabadores y mis teclados en un departamento y quiero hacer allí una grabación tipo ocho canales. Después lo voy a pasar a veinticuatro y voy a tocar con algunos músicos norteamericanos. Ya arreglé con Larry Carlton. También quiero tocar con algunos amigos que hice allá y que son totalmente desconocidos”, describió sobre sus planes musicales antes de subirse al avión.
“Yo no me voy a los Estados Unidos con la pretensión de triunfar en el mercado de allá, sino que voy porque pretendo modificarme. Siento que necesito aprender un montón de cosas. Si me quedo acá corro el riesgo de quedarme estancado en una actitud musical y en una actitud de vida”, se sinceró en la entrevista con la recordada revista especializada de música.
Charly se interesó por propuestas cargadas de máquinas de ritmo, secuenciadores y nuevos teclados. “Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)”, “No me dejan salir” y “Los dinosaurios”. “Lo veo polentoso, suena fuerte, muy fuerte. Si lo miro desde afuera, lo veo algo así como provocador, no hay ningún disco argentino que suene mejor”, contó en una entrevista de la época.
El 5 de noviembre de 1983, a días del regreso de la democracia, Charly publicó esta obra de avanzada, moderna, musical y estética: Clics modernos. El disco fue grabado en el estudio creado por Jimi Hendrix, Electric Lady Studio. Charly había viajado a los Estados Unidos para encontrarse con el reconocido productor Joe Blaney.
El exintegrante de Serú Girán venía de comprarse una serie de instrumentos nuevos que le permitieron estampar el sello experimental a la obra: samplers, cintas pregrabadas, bajos de teclado, y sintetizadores de última tecnología.
En Clics modernos también podemos encontrar uno de los primeros sampleos para el rock nacional en “No Me Dejan Salir”, con un grito de James Brown que pertenece a la canción “Hot Pants Part. 1 (She Got To Use What She Got To Get What She Wants)” de 1971.
Piano bar (1984) fue el tercer disco solista de Charly. Canciones directas, registradas en el estudio casi en vivo, con muy pocas sobregrabaciones. El músico quería una obra con un sonido crudo y más rockero. Lo logró.
Pablo Guyot, Willy Iturri y Alfredo Toth (GIT), más los teclados de Fito Páez, fueron los músicos encargados de acompañarlo al maestro en la aventura.
También participaron como invitados Daniel Melingo y Fabiana Cantilo. “Demoliendo hoteles”, “Promesas sobre el bidet”, “Raros peinados nuevos”, “No se va a llamar mi amor”, “Rap del exilio” y “Cerca de la revolución” fueron algunos de las canciones que incluyeron la placa.
Como pasó con Clics Modernos, su anterior producción, el nuevo álbum fue presentado en el Luna Park. Con una cuidada producción y puesta en escena, a cargo de Renata Schussheim y Jean François Casanovas, el artista demostró su gran nivel durante dos noches, ante un estadio colmado.
Hay canciones que quedan en la memoria colectiva y se convierten en himnos por su letra, por su ritmo, por su melodía o por el momento en que surgen. Y otras que se hacen para siempre un lugar en la historia porque son la representación y el legado de dos polos opuestos atraídos por la música.
“Rezo por vos”, con la autoría de Luis Alberto Spinetta y Charly García en modo Lennon-McCartney, es todo esto y más. Si bien no fue la primera canción en la que Luis Alberto y Charly fueron socios (antes hubo otras colaboraciones, como “Total interferencia” y “Peluca telefónica”, ambas grabadas por el bigote bicolor en “Piano Bar” y “Yendo de la cama al living”), este clásico fue la única que nació de un proyecto en común. Este quedó trunco en 1985 cuando los dos artista se embarcaron en un viaje que la incompatibilidad de caracteres terminó haciendo naufragar.