La Meca Vallecito, el libro sanjuanino que indaga en las profundidades de los secretos y curiosidades del hogar de la Difunta Correa

Cristian Rubia está detrás de la propuesta literaria que combina investigación inédita, testimonios de promesantes e información de gran valor sobre Vallecito.

No hay sanjuanino que no haya escuchado alguna vez en su vida sobre la Difunta Correa. Algunos son más devotos, otros la respetan. Hay quienes la veneran y quienes recorren miles de kilómetros para llegar hasta el paraje Vallecito, en Caucete, para cumplir sus promesas o realizarle pedidos. Mucho del material bibliográfico, audiovisual y hasta artístico está enfocado en la Deolinda y su historia marcada por la tragedia y el milagro. Sin embargo, detrás hay una historia que no ha logrado trascender, hasta ahora. Se trata de La Meca Vallecito, un libro de Cristian Rubia.

La propuesta literaria es el resultado de largos años de investigación, una recopilación de documentación inédita, prácticamente desconocida, y testimonios de gran valor sobre cómo fue el nacimiento del paraje caucetero, sus primeros momentos, el rol de la Iglesia Católica, y el papel que cumplieron las primeras familias que se asentaron en el lugar. El proyecto fue financiado mediante la Ley de Mecenazgo Cultural con el patrocinio de Banco San Juan y será presentado oficialmente durante los primeros días de agosto en Vallecito.

“Hay un montón de historias de vecinos que decidieron quedarse en el ese lugar, prestar servicios. La historia del primer restaurante, cómo nació la escuela. Son historias llamativas, admirables por lo que sucedió en el paraje. No solo por lo que despierta la Difunta, sino lo que despertaba el pueblo”, reflexionó Cristian Rubia, quien está detrás de la publicación.

Ocho años tras las huellas de una historia poco conocida

Todo comenzó en 2018. San Juan se preparaba para vivir una nueva edición de la Fiesta Nacional del Sol y la temática elegida para la oportunidad fue la Deolinda. “Amor de Madre” fue el nombre del espectáculo que tuvo una gran cantidad de propuestas alrededor. Cristian formó parte del equipo detrás del armado y esos fueron los primeros contactos con datos e información sobre el paraje.

“Mi idea era conocer qué pasaba en Vallecito, con los vecinos. Veíamos el paraje desde arriba y todo era donado, producto de ofrendas, donaciones, historias que se cruzaban, rumores, cosas que eran a veces ilógicas y había que atar cabos y esa fue la motivación de La Meca. Tenía un montón de material que se iba cruzando, oponiendo entre sí, ordenando historias que rodeaban a la Difunta”, explicó Rubia.

Imagen archivo DIARIO DE CUYO

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A medida que fueron pasando los años, la investigación se fue engrosando y Cristian se encontró ante el desafío de ubicar bibliografía, libros y testimonios que jamás habían visto la luz o se encontraban guardando polvo en alguna biblioteca pérdida entre el paisaje sanjuanino. Ejemplo de ello fue el libro de milagros de Víctor Ceballo que halló en una biblioteca de Astica; o la documentación que reflejaba la tasación del paraje cuando el mismo pasó a manos del Estado. “Eran un montón de documentos dispersos y mi tarea fue ordenarlos y ponerlos a disposición”, indicó.

Varios conocidos comenzaron a insistir en la idea de darle forma a la investigación y porqué no, publicarla, por lo que Cristian decidió avanzar en el proyecto hace unos tres a cuatro años atrás, entendiendo que tenía una deuda con el paraje.

La historia de un pueblo que comenzó con una familia alrededor de una tumba y hoy se refleja en La Meca Vallecito

Conforme los registros, la primera familia que se instaló en Vallecito era de apellido Mercado, alrededor de 1890. Los testimonios vivos que aun se transmiten aseguran que cuando arribaron al paraje ya se encontraba la tumba de la Deolinda en el lugar, y había quienes llegaban hasta el sitio a visitarla y realizar distintos pedidos.

Con el propósito de abastecer de agua a quienes pasaban sí o sí por el paraje para llegar hasta La Rioja o regresar de la vecina provincia, la familia Mercado dejó de ser la única en el lugar. Al respecto, Rubia comenta: “Me dio cariño, admiración ver como los vecinos y promesantes transformaron un lugar en el medio de la nada, alrededor de una tumba. Hay un montón de historias de vecinos que decidieron quedarse en ese lugar”.

Imagen archivo DIARIO DE CUYO

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Cada vecino lo iba llevando a otra historia, todos los relatos despertaban nuevos interrogantes y en la cabeza del investigador aquella publicación que se había pensado para 190 páginas no podía dejar de crecer. Entre risas comenta que el libro estaba casi listo cuando se topó con un familiar de la primera maestra que tuvo Vallecito, Raquel Salvatierra, por lo que tuvo que negociar con el editor de Abdulah Libros para incorporar la información.

“Cuando nos presentamos a Mecenazgo, Abdulah presupuestó 120 páginas y terminamos en 290, con un montón de fotografías, muchas de las cuales quedaron afuera”, acota Rubia.

La Difunta y la Dictadura, una de las historias que destaca en La Meca Vallecito

Conversar con Cristian sobre cómo fue el trabajo detrás de la publicación es un deleite. Mitos sobre donaciones, testimonios jamás compartidos y descubrimientos nuevos rodean el material. Así por ejemplo destaca el rol de la Dictadura y la intervención en el santuario.

“Tengo la colección completa de la revista de la Difunta Correa de los años 70. En esta revista hay investigaciones realizadas por Baez Laspiur y textos que tiene que ver con el ámbito religioso. El quiebre fue la Dictadura. Antes la Iglesia no era que la aceptaba, pero la admiraban. El principal impulsor de Vallecito fueron Baez Laspiur desde el lado religioso, y Barrera Guzmán desde el lado turístico”, comenta. Incluso en la documetnación recopilada por Baez Laspiur hace mención a misas a la Difunta Correa en principios de 1900 en Caucete.

Imagen archivo DIARIO DE CUYO

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En aquel entonces el paraje comenzó a crecer de manera significativa. La capilla, locales comerciales, la hostería y hasta la estación de servicio fueron tomando forma, hasta que durante la Dictadura la Fundación que estaba integrada por diferentes actores fue intervenida, y la Difunta Correa pasó a ser una prohibición.

Sobre este momento de la historia, Rubia comenta que la Iglesia emitió un comunicado difundiendo que la Difunta era una santa pagana, le quitó valor simbólico y social e incluso apuntaron a bajar la popularidad que la rodeaba. Afortunadamente todos esos intentos por minimizar el alcance popular de la Deolinda fueron en vano, ejemplo de ello se puede ver en la actualidad con la masa de promesantes y devotos que a diario llegan hasta su santuario.

Un legado para que la memoria no se pierda y el uso de la tecnología para preservar el tesoro informativo

Con 8 años de investigación, entrevistas, viajes y navegar entre documentos antiguos, si bien Cristian procuró incorporar toda la información posible en La Meca Vallecito, hubo mucha que quedó fuera. Sin embargo, ya tiene un plan de respaldo para ello.

De acuerdo a lo que adelantó, su intención es comenzar a subir de manera progresiva las entrevistas completas y las fotografías de archivo a la página lamecavallecito.online, como también parte de la documentación que fue digitalizando a lo largo de estos años. También puso a disposición toda la bibliografía recolectada para la investigación que están llevando en conjunto la UNSJ y la Iglesia Católica para determinar los orígenes de la Deolinda.

“Hemos lanzado la preventa junto a la editorial. Los primeros días de agosto haremos un lanzamiento con los vecinos en Vallecito. La intención no es solo dejar unas copias de los libros sino dejar copia de mucho material que tengo, casi inédito. Puede servir de consulta o para quien quiera investigar. Luego la idea es seguir difundiendo, en el paraje varios locales lo van a tener a disposición”, destacó Cristian. El ejemplar físico se puede solicitar por el sitio web o a través de la cuenta de Instagram @lameca.vallecito.

Con una combinación de sensaciones, hoy Cristian puede tener en sus manos el fruto de años de investigación y a su vez un legado que comparte con el pueblo, siendo también una forma de agradecerle a la Difunta, la “santa pagana” que cada año gana más popularidad dentro y fuera de las fronteras de San Juan.

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