La vida de Lisi Arévalo Gilabert siempre pareció transcurrir a una velocidad distinta, marcada por de los flashes, las cámaras y los viajes internacionales. Sin embargo, hoy el ritmo de la modelo y actriz es otro. De regreso en su Albardón amado, los balbuceos de su primera hija –Sarah Hani- dan indicios de una etapa distinta, que ella misma define como un “volver a la tierra”.
Tras años de una independencia feroz y una búsqueda constante de oportunidades en Buenos Aires y el exterior, la maternidad -dijo- llegó para reordenar sus prioridades. “Lo más lindo es que se aprovecha mucho más cada momento, como que uno toma el tiempo con más valor”, reflexionó en charla con DIARIO DE CUYO.
El cambio no es solo emocional, sino también estructural. La mujer que, según confesó, antes se acoplaba a los deseos ajenos, hoy pisa firme sobre sus propias decisiones: “Hace mucho quería ser madre, como a los 27 se despertó ese deseo y se dio de forma muy natural. Hoy siento que la maternidad me hizo priorizarme más a mí. Antes era muy de hacer lo que el otro quería, ahora priorizo qué quiero hacer yo”, subrayó quien saltó a la popularidad cuando apenas era una adolescente, fascinada por el mundo que se abría a sus pies.
Cuando tenía 16 años protagonizó el video de una banda de rock sanjuanina y esa fue la plataforma al modelaje. Consiguió quedar entre las 10 chicas más lindas del país, de acuerdo a la marca internacional 47 Street; y en 2012 fue seleccionada como una de las cinco finalistas del cover scouting de la revista Seventeen. Posteriormente, tras ser candidata a Reina Nacional del Sol en 2013 por su departamento, su carrera la llevó a Capital Federal, donde trabajó como modelo para Multitalent. Su rostro no solo apareció en publicidades, también saltó a la pantalla chica. En 2017 debutó como actriz en la tira de Telefe “Fanny la fan”, compartiendo elenco con figuras de la talla de Verónica Llinás y el Gabriel “El Puma” Goity. Muy dedicada a lo suyo, siguió sumando kilómetros y experiencias.




Aunque asegura que no planea abandonar su carrera artística, hoy en pausa para dedicarse a su primogénita, Arévalo se asienta en su provincia. “Por un tiempo me gustaría consolidar acá”, explicó la sanjuanina que reparte su tiempo entre la familia, la administración de un complejo de cabañas que heredó de sus padres y algunos intereses personales.
Una mirada crítica sobre Albardón
Su llegada a la provincia, donde se estableció con su pareja, Cristian Betelu, se gestó bastante antes de la decisión de no sacar el ticket de retorno a Estados Unidos, donde vivía. “Estuve medio año en Miami, trabajando y estudiando. Hice de todo un poco: fui recepcionista, cajera y moza en el restaurante de un amigo, pero también trabajé como modelo y en videoclips para cantantes”, enumeró Arévalo, para quien cada vuelta era un choque que despertó en ella una nueva e inesperada vocación: la política.
“Siempre me pasaba que me iba y cuando volvía a Albardón, estaba todo igual. Ahora lo que veo es decadencia y me apena mucho porque es un lugar con gente muy buena y trabajadora… Por eso me gustaría apostar a mi tierra, porque noto mucho estancamiento, veo como mucha mugre, poco avance y la verdad me da mucha tristeza“, explicó la joven, que no descarta incursionar en la política, con un frente distinto, alineado a las ideas de la libertad.
“Mi idea es armar un proyecto con gente propia, algo nuevo. Quiero aportar para que el departamento crezca y que los vecinos también vuelvan a apostar por lo local”, compartió mientras atendía a su bebita.
En 2013, en el marco de una entrevista, cuando DIARIO DE CUYO le preguntó cómo se imaginaba su futuro, Lisi respodió sin dudar: “Felizmente casada y con 3 o 4 hijos”. El primer paso está dado.

