El estreno fue, como estaba anunciado, en el Complejo Universitario Islas Malvinas (CUIM), de la UNSJ; precisamente en el salón donde funciona el comedor Gutiérrez, donde también se llevaron a cabo los ensayos, que de ahora en más se trasladarán a otro lugar (ver “Con casa para 2026). Allí colocaron muchas filas de sillas a modo de platea, que no llegó a colmarse el jueves -día “extra” que la Orquesta sumó en esta ocasión- si bien la convocatoria fue bastante buena. El programa se repetirá esta noche de viernes, día habitual para sus conciertos, en el mismo lugar.
Dato al margen, vale aclarar que hay varios colectivos que paran en la puerta de la Facultad de Sociales, que todavía pasan al finalizar la velada; y que adentro hay mucho espacio para quienes decidan ir en auto. La aclaración tiene un fin: que movilizarse no implique un obstáculo (para quienes están más lejos) e instar al público a no perderse un gran concierto, con obras de jerarquía, en un lugar que da la posibilidad de observar más de cerca a la Orquesta Sinfónica y a su conductor (sí, tiene su plus desde lo visual) y que, además, es gratuito.
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Apertura 2026: Orquesta Sinfónica de la UNSJ, dirigida por Wolfgang Wengenroth. Solista: Atahualpa Vegas (corno)
Una buena dupla
El Concierto para corno N°2 de Richard Strauss dio inicio a la 52° temporada de la orquesta; un homenaje que el músico dedicó a su padre, Franz, un célebre cornista de su época. No es frecuente ver en San Juan actuaciones de corno solista, por lo que es valioso poder apreciar toda (o casi toda) su sonoridad, su carácter adusto y también vivaz; y su fluido ensamble con la Sinfónica.
Una vez finalizada la obra, y a modo de “yapa”, el músico venezolano que actuó como solista, Atahualpa Vegas, dio una breve y amena introducción a este instrumento de raíces milenarias, que la concurrencia disfrutó.
La segunda y última parte estuvo dedicada a la 5° Sinfonía de Beethoven, “La Sinfonía”, como supo destacar el M° Wolfgang Wengenroth, cargada de brío y de lirismo, disfrutable desde principio –ese famoso y hasta dramático inicio, tan reconocible por todos- a fin; con pasajes de la orquesta a pleno destilando esa potencia arrolladora que el célebre compositor alemán plasmó en esta partitura a principios del 1800.
Una pieza atrapante, envolvente, no solo para los entendidos -que sin dudas podrán apreciarla aún más-, sino también para los que simplemente se dejan llevar por la música.
Joyitas del semillero
Dos caritas muy jóvenes, absolutamente compenetradas con su misión, llamaron la atención de varios concurrentes. Se trata de dos alumnos de violín, que ya participan en esta gran liga que es la Sinfónica. Estudiantes de la cátedra de Indira González, Rodrigo Giménez (19) y la cubana Ana Paula Sarduy (16) lo dieron todo. Y si bien no es la primera actuación con la Orquesta, puesto que Ana Paula está allí hace un año aproximadamente, y Rodrigo más de dos años, los chicos aseguraron a DIARIO DE CUYO que no deja de ser movilizante formar parte. “Una experiencia muy interesante”, la definió Ana Paula, al tiempo que Rodrigo aseguró que “es mucha adrenalina tocar en la Sinfónica”.
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Ana Paula Sarduy y Rodrigo Giménez, violinistas
Orquesta Sinfónica: con “casa” para 2026
En un año especial para la formación, dado que el Auditorio Juan Victoria permanecerá cerrado prácticamente todo el año por un programa integral de refacciones encarado por el Gobierno de la provincia, la Orquesta de la UNSJ buscaba un espacio para establecerse en esta temporada.
Luego de evaluar distintas posibilidades, incluso el auditorio de LV5 Radio Sarmiento, finalmente será la Sala TeS, en Rivadavia, la base de operaciones de la Sinfónica para este año, adonde se establecerá a fines de marzo.
El próximo concierto de la Sinfónica será nada menos que el Requiem de Mozart, que -oportunamente en época de cuaresma- brindará en la Iglesia Catedral, el 27 de marzo.
El templo mayor de la provincia será, efectivamente, otra de las estaciones en esta temporada, donde la orquesta tendrá una impronta "itinerante". Algunas veces estará de manera plena, como ahora en el CUIM; otras, tal vez, con grupos reducidos, porque no resulta sencillo movilizar toda la estructura, sobre todo instrumentos de gran porte. Pero en ese contexto y, como se dice, mirando el vaso medio lleno, la situación podría significar una oportunidad de llegar a lugares donde no había ido antes y de acercarse a un público que usualmente no frecuenta el Auditorio, tal como comentaron a este medio algunos de sus integrantes.